Origen y Pensamiento del Humanismo Cristiano

Por MANUEL J. IBÁÑEZ FERRIOL. Periodista

En éstos días de clara confusión ideológica, recibo con cierta tristeza, el intento de refundar algunos principios fundamentales sobre los que se basa el ideal fundacional del Partido Popular: el Humanismo Cristiano. Pero, ¿sabemos bien su significado?El Humanismo Cristiano es una técnica social que defiende una plena realización del hombre y de lo humano dentro de un marco de principios cristianos. Entre sus principales exponentes se encuentra Jacques Maritain. Efectivamente, la visión cultural —o filosofía política de inspiración cristiana— que Maritain desarrolló con extraordinaria precisión y profundidad en varias de sus obras, particularmente en Humanismo Integral y en El Hombre y el Estado, que son el fundamento principal de lo que hoy llamamos ‘Humanismo Cristiano’, el que, a su vez, es una de las primarias del desarrollo mundial del estamento político demócrata cristiano, iniciado en América y en el Norte Latino en la primera mitad del siglo XX. Cabe destacar aquí la importancia de dos conceptos fundamentales en dicha visión cultural: ‘filosofía política’ y ‘humanismo integral’, porque sobre ellos descansa, en el orden filosófico, el Humanismo Cristiano contemporáneo.

Por su parte, el concepto humanismo integral ha pasado a formar parte plena de la Doctrina Social de la Iglesia a partir del hecho, ciertamente inusitado, de que Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio (1967), citando como ejemplo precisamente el libro Humanismo Integral, haya declarado: “42. Tal es el verdadero y pleno humanismo que se ha de promover”.

Por su parte, el beato Juan Pablo II no solamente ha ratificado esa declaración en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis (1987), conmemorativa de los veinte años de la Populorum Progressio, sino que ha convertido el concepto ‘humanismo integral’ en parte sustancial de su preocupación por “la cuestión cultural de nuestros tiempos, tema central de su Pontificado: “Juan Pablo II ha servido como centinela en la tradición de Maritain; ha continuado los esfuerzos de Maritain para establecer las bases intelectuales de una teoría personalista de la democracia y de un ‘humanismo integral’.”

“El hombre del humanismo cristiano – dice Maritain – sabe que la vida política aspira a un bien común superior a una mera colección de bienes individuales… que la obra común debe tender, sobre todo, a mejorar la vida humana misma, a hacer posible que todos vivan en la tierra como hombres libres y gocen de los frutos de la cultura y del espíritu… aprecia la libertad como algo que hay que ser merecedor; comprende la igualdad esencial que hay entre él y los otros hombres y la manifiesta en el respeto y en la fraternidad; y ve en la justicia la fuerza de conservación de la comunidad política y el requisito previo que llevando a los no iguales a la igualdad, “hace posible que nazca la fraternidad cívica…”

Maritain, ha propuesto el ideal del Humanismo Integral o de la denominada Nueva Cristiandad: «Este nuevo humanismo, sin común medida con el humanismo burgués y tanto más humano cuanto no adora al hombre, sino que respeta, real y efectivamente, la dignidad humana y reconoce derecho a las exigencias integrales de la persona, lo concebimos orientado hacia una realización socio-temporal de aquella atención evangélica a lo humano que debe no sólo existir en el orden espiritual, sino encarnarse, tendiendo al ideal de una comunidad fraterna».

No obstante, el autor Vicente Alejandro Guillamón aportó en 1997 una nueva visión del Humanismo Cristiano, rebautizada como Neopersonalismo Cristiano, que entronca directamente con tesis más liberales o libertarias, que se pueden traducir en claras opciones políticas tanto actuales como de futuro.

Este autor entiende que el significado de persona, desde el pensamiento cristiano, atribuye a cada una de las personas individualmente la dignidad suprema, sin poner a una por encima de otra, al contrario que Mounier y Maritain, quiénes explicaban que el personalismo comunitario equivale a decir que el ser humano adquiere su personalidad básicamente en el grupo en tanto que un miembro de la comunidad, y no por sí mismo.

¿En qué se distingue para este autor el personalismo del individualismo? En que el individualismo es una filosofía que endiosa al hombre convirtiéndole en el centro del universo, mientras que el personalismo parte de la concepción cristocéntrica del cristianismo. Lo fundamental, para Guillamón, está en exaltar la libertad de la persona frente al Estado. La institución estatal, señala, es burocracia y voracidad recaudatoria. “El Estado nunca deja de ser un peso muerto, un ente sin alma y sin entrañas, sin rostro y perfil personal”.

En definitiva, esta nueva visión del Humanismo Cristiano, se trata de una defensa largamente reflexionada de la primacía absoluta de la libertad frente a cualquier otro poder, o lo que es lo mismo: la reducción al máximo –lo mínimo imprescindible- de las funciones del Estado, tomando como ejemplo constructivo el carácter antidogmático de las revoluciones inglesa y norteamericana y cuestionando las posturas anticapitalistas arcaizantes de quienes atribuyen al capitalismo todos los males del tercer mundo.

Ambos conceptos, se complementan entre si, poniendo en el centro del Humanismo, los valores Evangélicos y Cristianos, como antesala de toda acción política. El espíritu laicista que impera en Europa –y más acusado si cabe en España-, nos lleva a la laxitud de los ideales, relegando el Humanismo Cristiano, a un plano meramente simplista y carente de valores éticos y morales, eliminando de raíz todo lo que tiene que ver, con la tradición cultural europeo-grecolatina. Dejar de lado, los principios del Humanismo Cristiano, es permitir el triunfo de los ideales masónicos, auténtico peligro por su exaltación diabólica y su activismo a favor de los ideales laicistas, dejando correr el terror cabalístico en las mentes de todo el que escucha el mensaje anti-humanista. Europa debe volver sus ojos sobre el espíritu fundacional de la cultura del sacrificio, de la responsabilidad, de la verdad, del espíritu, recogiendo el testigo espiritual, que nos ha sido transmitido a lo largo de los siglos. Abandonar nuestra cultura Humanística y Cristiana, nos aboca a una visión mundana, alejada de lo espiritual, de todo aquello que deja un poso sobre la moral y la ética. Quizás las posturas melifluas, sobre las que baila el Partido Popular, pueda ser el origen de una laxitud en las costumbres y en la forma de actuar de algunos de sus miembros, que quieren borrar de su ideario fundacional, todo aquello que pueda hacer doler sus conciencias.

Pensemos bien lo que vamos a hacer, y reflexionemos sobre aquello que de verdad, es la esencia de nuestra vida social y personal.

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