Connect
To Top

¿Podemos alcanzar la felicidad?

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos del Grupo ONDA3.

Dijo Mathama GHANDI: “La felicidad aparece cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en harmonía”.


La felicidad es un estado emotivo, que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. La felicidad suele ir aparejada a una condición interna o subjetiva de satisfacción y alegría. Algunos psicólogos han tratado de caracterizar el grado de felicidad mediante diversos tests, y han llegado a definir la felicidad como una medida de bienestar subjetivo (autopercibido) que influye en las actitudes y el comportamiento de los individuos. Las personas que tienen un alto grado de felicidad muestran generalmente un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que se sienten motivadas a conquistar nuevas metas.

Se entiende en este contexto, como un estado de ánimo positivo. Dicho estado de ánimo es subjetivo y, por tanto, no se refiere a un hecho auto-percibido. Esto implica que una misma serie de hechos puede ser percibido de manera diferente por personas con diferentes temperamentos, y por tanto lo que para una persona puede ser una situación feliz para otra puede llevar aparejada insatisfacción e incluso frustración. Es por esa razón, que la felicidad a diferencia de otros hechos relacionados con el bienestar se considera una situación subjetiva y propia del individuo (en contraposición a hechos objetivos en los que diferentes observadores concordarían).

Bajo un estado de felicidad los individuos son capaces de llevar a cabo una actividad neutral constante en un entorno con variables ya experimentadas y conocidas, los distintos aspectos de la actividad mental fluyen de forma “armónica”, siendo los factores internos y externos interactuantes con el sistema límbico. En dicho proceso se pueden experimentar emociones derivadas, que no tienen por qué ser placenteras, siendo consecuencia de un aprendizaje, ante un medio variable.

Aristóteles, sostiene que todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil definirla y describirla. De ahí se aprecia la divergencia de opiniones respecto a cómo entender la felicidad: placer para algunos, honores para otros, contemplación (conocimiento intelectual) para otros más. Aristóteles rechaza que la riqueza pueda ser la felicidad, pues es un medio para conseguir placeres o bien para conseguir honores, pero reconoce que existen personas que convierten a las riquezas en su centro de atención.

La amigdala cerebral y el hipotalamo, son regiones que cooperan para la transición de las emociones. El neocortex racionaliza los recursos de los que disponemos. Son dos áreas incompatibles con miles de años de evolución entre ambos, que usan la conciencia como medio de comunicación para poner solución a las demandas bilaterales. Podría ilustrarse con el ejemplo de dos personas que intentan ponerse de acuerdo para solucionar sus problemas personales en un centro de arbitraje, que representaría la conciencia, el lugar donde las emociones y la racionalidad se hacen compatibles. Por tanto, se hace evidente que, para que nuestro sistema límbico informe ese estado predilecto de felicidad, es indispensable que tengamos una conciencia capaz de acallar a las dos partes en disputa. Si sólo acallamos a una, la voz de la otra no nos dejará tranquilos, y en consecuencia nuestro sistema límbico nos informará de una aproximación de lo que es la felicidad: La estimulación por catecolaminas. El resultado es cualquiera de los estados asociados a este neurotransmisor y que va a depender de la interpretación que le de nuestro administrador de recursos (conciencia).

Para llegar a los estadios de felicidad, debemos tener un control intensivo sobre nuestro sistema hormonal. La disfunción de los elementos hormonales, puede provocar estados en los que tan solo la felicidad se obtenga a través de una subida de las catecolaminas (anhedralina o nor-anhedralina). En el caso de las personas diabéticas -entre las que me incluyo-, alcanzar estados de felicidad, puede resultar una tarea complicada, ya que debemos saber como controlar las subidas y bajadas de los azúcares, ya que nuestro sistema pancreático no responde a la deglución alimenticia. Por tanto, el diabético -y cualquier persona sana-, puede llegar a ser feliz, tan solo, ejerciendo un control sobre los estados de ánimo.

El pesimismo, la apatía, el no saber que hacer, las discusiones frecuentes, son obstáculos que nuestra mente pone en el camino, para obstruir nuestra meta: alcanzar la felicidad. Se puede llegar a ser completamente feliz, al observar la vida con otro prisma: hemos de ser netamente positivos, de ahí que nos debamos preguntar: ¿he visto salir el sol hoy? ¿sigo enfadado con un amigo? ¿tengo algún remordimiento que me impide ser feliz? Preguntas que hemos de hacernos, y a las que debemos ponerles remedio. Para ello, tenemos una sola respuesta: alcanzaremos la felicidad, si amamos a nuestros semejantes, si no nos dejamos llevar por el genio malo y negativo. Nuestros impulsos deben responder siempre a llegar a un acuerdo, eso si, sabiendo que en nuestro corazón no debe existir el rencor, la desconfianza o el odio y el revanchismo. Son barreras que colocamos falsamente para protegernos. Pero debemos desterarlas, apartarlas de nuestra mente y de nuestro corazón.

Solo practicando el sano ejercicio del AMOR PACIFICO, vamos a poder llegar a contemplar la verdadera felicidad, sin ataduras, sin agobios, sin penas. Debemos poner por delante, el respeto por el semejante, por el amigo, por la persona. Solo así, llegaremos al culmen, a la meta, es decir a la Felicidad pura, placentera, libre y sin cortapisas.

Seamos seres armónicos, que tienen como bandera la Felicidad, y que ponen en práctica los principios de la frase del encabezamiento: la felicidad aparece, cuando lo que dices, piensas y haces, se encuentran en armonía. Es una buena propuesta, para todos los días de nuestra vida. Pongámoslo en práctica.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Columnistas

  • Reflexiones desde la Fe para la situación que vivimos

    Por Mons. Antonio Cañizares Llovera. Cardenal-Arzobispo de Valencia.  Entre los artículos y comentarios que estos últimos días he leído a propósito...

    Antonio Cañizares Llovera19 noviembre, 2017
  • Estilos arquitéctonicos de la Catedral de Valencia

    Por Arturo Climent Bonafé. Canónigo de la Catedral de Valencia. Escritor. He creído conveniente, dedicar unos artículos para hablarles de la...

    Arturo Climent Bonafé15 noviembre, 2017
  • Maquillajes para nuestro otoño 2017

    Por Alejandro Ruiz “Evonhe”. Estilista y maquillador. En nuestros centros “Evonhe” tenemos nuestros básicos de maquillaje que utilizamos a diario, pero,...

    Alejandro Ruiz 'Evonhe'13 noviembre, 2017
  • Ante el VI Centenario de San Vicente Ferrer

    Por Mons. Antonio Cañizares Llovera. Cardenal-Arzobispo de Valencia. Queridos hermanos y hermanas en el Señor: Os escribo, con verdadera alegría para...

    Redaccion12 noviembre, 2017
  • El Santo Cáliz en las horas cruciales de España

    Por Mons. Antonio Cañizares Llovera. Cardenal-Arzobispo de Valencia.  Acabamos de celebrar el pasado jueves la fiesta del Santo Cáliz en unas...

    Antonio Cañizares Llovera4 noviembre, 2017