Por los cañones del Júcar

Los-cañones-del-jucarBuscando lugares del Valle de los Cañones del Júcar, me tropiezo con esta maravilla que esconde la localidad de Jalance.

Tengo que confesar desde aquí  la gran belleza que envuelve todo el paisaje hasta llegar desde la localidad valenciana de Requena hasta ésta de Jalance. La ruta que recomiendo recorrer, muestra un imponente paisaje que se deja ver al transitar por un antiguo camino que se construyó para la canalización de una conducción de agua.

Lo mejor es ir primero a buscar alojamiento. Me dirijo hasta Casa Camila, dónde soy recibido de forma magnífica. Después de tomarme los datos, una amable señora, me acompaña a la habitación, lo que agradezco. Después de instalarme y darme una buena ducha, me calzo las botas de montaña, cojo lo básico y la cantimplora con el agua, fundamental para una buena caminata. Busco a la dueña y le indico que me voy a hacer un rato de senderismo. Muy diligente me da un paquete indicándome que después de un buen paseo, es bueno reponer fuerzas, así que me había preparado unas viandas para el camino, lo que agradezco con todo mi afecto.

Salgo de la Casa Rural y me dirijo al camino, que comienza desde una pista forestal de gravilla, que si bien parece ser transitable durante un tramo en coche, no se recomienda hacerlo, ya que más adelante se estrecha. La pista va sujeta a una de las paredes que encauzan el Júcar. Conforme se adentra en el cañón, el camino se va elevando poco a poco sobre el río. Aún así en el trayecto no encuentro grandes desniveles.

Lo primero que me muestra esta ruta son los frondosos árboles caducos que bordean el río y algunas huertas que aprovechan la tierra fértil y el agua del lecho.

barcoSigo con pie firme mi paseo. Mi objetivo es atravesar los tres pequeños túneles que se reparten a lo largo de la ruta, según me indican los mapas de las rutas que voy encontrando por el camino. La montaña por donde encamino mis pasos, se va cerrando cada vez más aproximándose a la otra ladera.

Las paredes se elevan y poco a poco me doy cuenta que estoy caminando sobre un desfiladero. Hay que tener mucho cuidado con la orilla de la pista, como se puede ver en las huellas que encuentro, esto literalmente es un camino de esos que llaman de “cabras”. Y nunca mejor dicho.

Apenas pasados un cuarto de hora, a buena marcha, veo el primer túnel. Unas marcas en la pared antes de acceder a este, me indican, que el túnel es artificial. Estas muescas son los surcos donde se colocaba la dinamita para poder perforar la montaña.

Este camino y los restos de casas, almacenes o refugios que me encuentro son vestigios del trabajo que se realizó para la canalización del río Júcar hasta el salto de Basta, cerca del Balneario de Hervideros de Cofrentes, y próximo al salto de Cortes de Pallás. Más adelante, llego al segundo túnel, el cual también tiene restos de algunos refugios o almacenes, ya que en esta zona se proyectaron diversos saltos de agua, para la producción eléctrica.

Las paredes, cada vez más altas, forman desfiladeros que hasta los pies del río suman alrededor de los 200 metros. El camino discurre a unos 100 metros de este. El tamaño de la pared empequeñece a cualquier que hace ésta ruta, convirtiéndonos en seres diminutos. También atrae mi atención un grupo de estalactitas que atestiguan la existencia deuna cueva que, al parecer, no resistió el paso del tiempo.

imagesEl camino, un tanto escabroso, tiene varios puntos donde algunos derrumbamientos dificultan el paso, es importante tener cuidado, aún así, con un poco de habilidad y unas buenas botas se pueden sortear. A partir de estos derrumbamientos la pista se convierte ya en senda.

Las paredes de enfrente también impresionantes nos dejan ver una enorme brecha en la roca; se trata del barranco de Robles, el cual, de normal seco en época lluvias, quizá nos muestre una bonita caída de agua. Se trata de un recorrido equipado para los practicantes de deportes de riesgo.

Antes de llegar al último túnel, dos regalos de la naturaleza me hacen contener la respiración. El ruido de unas piedras al caer descubre un grupo de cabritas que me observan quietas y tranquilas desde la pequeña cornisa en la que se mueven, mientras pastan las hierbas y las flores, a las que les ha acompañado el pastor, muchas de las veces jugándose la vida. Instantes después, mientras observo al grupo, una enorme águila imperial, extiende sus alas con toda la majestuosidad que solo ella sabe hacer y sobrevuela el cañón, quizás buscando alguna presa despistada, que le sirva de alimento. Dos momentos irrepetibles y llenos de magia.

Atravieso el último túnel llegando al final del trayecto. Y decido, hacer un pequeño alto en el camino, y como no degustar las ricas viandas que la dueña de la Casa Rural me ha preparado. Mientras repongo fuerzas y admiro el entorno natural que me rodea, aprovecho para repasar las notas que he tomado antes de salir, sobre Jalance y las Rutas de los Cañones del Jucar. Después de este, el camino se borra por la gran riada del año 1982. La vuelta me sirve para disfrutar por última vez del silencio y los paisajes que este cañón guarda a los ojos de pocos.

cañon-almadenesLa vuelta, hay que iniciarla pronto, para que al llegar al atardecer otoñal, sigamos todavía con esa luz que nos proporciona el sol, pudiendo percibir una puesta inigualable. Me puse una chaqueta de lana que había cogido, y al llegar al pueblo, fui recibido en la Casa Rural con una buena taza de chocolate caliente y pan tostado. Un lujo, antes de que llegara la cena.

 

ONDA3.COM|Manuel J. Ibáñez Ferriol|Fotos: Javier Furió

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