Quinto Centenario de Santa Teresa de Jesús

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Por ANTONIO CAÑIZARES LLOVERA. Cardenal-Arzobispo de Valencia.

Iniciamos la celebración del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, la gran santa española- abulense, copatrona de España. Los españoles,-y particularmente los abulenses con toda razón-, nos gloriamos de nuestra santa más universal y sentimos y palpamos la cercanía de la gracia de Dios que sobre nosotros, en la ciudad amurallada, ha hecho morada en la persona de Teresa de Cepeda y Ahumada.

Nos sentimos y somos agraciados y privilegiados por la inmensa bondad de Dios, porque tenemos la inmensa dicha de contar entre nosotros a alguien tan nuestra y tan de Dios, tan cercana a nosotros y tan adentrada en la espesura de Dios, que nos puede guiar con maestría en el camino de Dios y hacia El, en el camino de su amor, donde se halla la verdadera felicidad, la fuente inagotable de la vida, el origen y fundamento de todo bien, la raíz y la base para nuestra esperanza.

Todo en la ciudad más alta de España, Ávila, -todo un símbolo- conserva el recuerdo de su hija predilecta. “La Santa”, lugar de su nacimiento y casa solariega; la parroquia de san Juan donde fue bautizada; la catedral, con la Virgen de la Caridad, que aceptó su temprana consagración; el Convento de Gracia donde se educó con María de Briceño; la Encarnación que acogió su vocación religiosa y donde llegó al culmen de su experiencia mística; la Virgen de la Soterraña en la parroquia de san Vicente, donde oró camino de su primera fundación; San José, primer “palomarcico” teresiano, de donde salió Teresa, como “andariega de Dios” a fundar por toda España. Los pueblos de Ávila, pero también España entera, la reconocemos como “nuestra”, la invocamos como patrona, la admiramos y la miramos como guía y modelo incomparable.

Necesitamos volver a santa Teresa de Jesús, “arroyo que lleva a la fuente” de agua viva, que sacia el corazón sediento del hombre, sediento del Dios vivo. Ella es “resplandor que conduce a la luz. Y su luz es Cristo”: Luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo; esperanza de los pueblos; Maestro de sabiduría, libro vivo en que Teresa aprendió las verdades, en el único en que podemos aprender la Verdad de Dios y la verdad del hombre, que nos hace libres con la libertad de los hijos de Dios; piedra angular sobre la que se edifica la historia.

Este año jubilar del quinto centenario de la Santa aprovechémoslo para volver a Santa Teresa de Jesús, a su espiritualidad y a sus escritos. Ahí aprendemos y saboreamos esa sabiduría eterna de Dios y manifestada en el tiempo, en la carne, en la humanidad del Hijo de Dios, único camino de la Iglesia, único camino de Dios al hombre y del hombre a Dios, único camino del hombre a cada hombre. Necesitamos volver a santa Teresa hoy más que nunca en este mundo de eclipse de lo divino, de pérdida del sentido de trascendencia y de quiebra de lo humano. Lo necesitan, sobre todo, los jóvenes hambrientos de trascendencia en sus vidas y de testigos de esa trascendencia, de nada tan necesitados como de Dios, porque tienen sed de vida, de amor, de esperanza, de felicidad y plenitud, de humanidad verdadera: y sólo Dios es esa plenitud. Sólo El es la Vida y fuente de la Vida. Sólo El es el amor que hace renacer constantemente una esperanza firme más allá de todo lo que produce hastío, desamor y mentira. Necesitamos la enseñanza y el testimonio de la Santa porque faltando el sentido de Dios, va perdiéndose hoy el auténtico sentido del hombre y el hombre se vuelve contra el hombre, y porque tratando de eliminar a Dios vamos eliminando al hombre y produciendo su destrucción.

Necesitamos seguir los pasos de la Santa Andariega de Avila, Teresa de Jesús, para descubrir al “Jesús de Teresa”, del que tan necesitados estamos todos los hombres, porque El es nuestro Redentor, el único que tiene palabras de vida eterna, el único nombre en el que los hombres podemos hallar misericordia y perdón, reconciliación y paz, medicina para nuestras heridas y palabra de comprensión para nuestra fragilidad pecadora. Nuestra Santa universal, Doctora y Maestra de toda la Iglesia, no tuvo otro vivir que Cristo, porque supo apropiarse la riqueza de la Iglesia, la única que tiene, que no es otra que Jesucristo, y a ella entregó su vida. Necesitamos seguir los pasos de esta mujer santa y no dejarse engañar por nadie que trate de mostrarnos otro camino distinto al que ella siguió, otro camino distinto que el del conocimiento y el de la experiencia de Jesucristo, que únicamente se adquiere dentro de la Iglesia : en el trato y amistad con El en la oración; en la Eucaristía donde El se nos entrega con una confianza ilimitada y nos hace participar en su misma vida; en la Penitencia donde El se nos entrega como perdón y gracia reconciliadora; y en la escucha de su palabra, recogidas en las Escrituras transmitidas y leídas en la Iglesia. Este año teresiano es una ocasión propicia y providencial para recuperar y fortalecer más aún todo esto en nuestra diócesis de Valencia.

Viendo a Santa Teresa, Teresa de Jesús, me vienen a la mente como dichas por ella, aquellas impresionantes palabras del Papa San Juan Pablo II, elegido Papa precisamente en fechas inmediatas al día de la Santa : “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su fuerza salvadora las fronteras de los Estados, los sistemas económicos y políticos, los vastos campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. No tengáis miedo. Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. Sólo El lo sabe. A menudo el hombre se siente invadido por la duda, que se transforma en desesperación. Permitid por tanto, os lo ruego, os lo imploro con humildad y confianza: permitid a Cristo que hable al hombre”.

Esto nos dijo el sucesor de Pedro, al que tan unida, como hija fiel de la Iglesia, estuvo santa Teresa, al que tanto quiso, por el que tanto rogó y al que tanto ayudó en vida. Y esto nos diría, nos dice también hoy la Santa. Ella nos ruega que nos abramos a Cristo, que le acojamos, que es lo mejor que puede decirnos y pedirnos santa Teresa, lo mejor que nos puede pasar.

Como humilde protegido suyo desde mi nacimiento el día de su fiesta hasta hoy, en mis primeros pasos como Arzobispo de esta porción del pueblo de Dios que peregrina en Valencia, humildemente y con toda confianza, me presento ante ella y me postro ante sus pies para pedirle y rogarle, para suplicarle con toda mi alma: que nos ayude, que nos proteja, que interceda por nosotros. Pongo en sus manos esta Iglesia diocesana de Valencia, y le digo y pido:”Teresa de Jesús, Teresa de Ávila, Teresa de España, fiel hija de la Iglesia, que amaste y amas con verdadera pasión de hija a la santa Madre Iglesia, ayúdanos a amar como tú a la Iglesia, a sentir con la Iglesia, a vivir el gozo de ser Iglesia, a fortalecer nuestra comunión y nuestra unidad. A ti, Madre Teresa, encomiendo esta Iglesia que peregrina en Valencia, ayúdanos a reemprender y hacer camino juntos contigo como peregrinos para formar la familia santa de los hijos de Dios, donde vivamos el amor de Dios, nos amemos con ese amor y seamos sacramento del amor de Dios en vida y servicio entregada enteramente en favor de los hombres, especialmente de los últimos, llevándoles el Evangelio de Jesucristo para que crean y se conviertan, le amen y le sigan. En fidelidad a la llamada de Dios, en esta hora de Dios, que es el tiempo que nos es dado vivir, queremos ser fieles a Dios, buscar, encontrar y cumplir su voluntad: y su voluntad es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, que palpen su amor misericordioso. Queremos ser Iglesia, que ,como tú, anunciemos a Jesucristo, para que los hombres crean y vivan en Cristo, con El y desde El, y así alcancen vida eterna y se sientan queridos por Dios que se vuelca en derroche de amor en favor a los hombres, sobre de sus predilectos que son los últimos, los pobres, los enfermos, los que lloran… Sabemos que esto no es posible si no se lleva a cabo una renovación de nuestra Iglesia, de las personas que las formamos, de las instituciones. Y esta renovación es la vida interior, es la vida santa. Que nos conduzca, pues, por los caminos de la santidad, tus caminos. Sólo una Iglesia de santos podrá evangelizar nuestro mundo”.

“Santa Teresa de Jesús, modelo de juventud, que tanto atraes a los jóvenes, que tanta fuerza de vida tienes y que tan grande humanidad nos muestras, te encomiendo los jóvenes de nuestra diócesis. Por ellos te ruego, guíalos, que te descubran, que les ayudemos a descubrirte. Los jóvenes, como nadie, necesitan a Cristo, Camino, verdad y Vida. Enséñanos a mostrarles a Cristo. El Papa San Juan Pablo II dijo cuando vino a tu pueblo, a Avila, dirigiéndose a los jóvenes con palabras casi tuyas : “Quiero ofrecer como mensaje a la juventud: En este tiempo es menester amigos fuertes de Dios”. Necesitamos jóvenes “amigos fuertes de Dios”. No está en los métodos, no está en las organizaciones, tú lo sabes; todo está en la amistad con Dios, todo radica en la amistad con el Amigo que es Jesús, el único que no defrauda. Enséñanos a ir a los jóvenes”.

“Teresa de Jesús, Teresa de Ávila, Teresa de la Iglesia que es la gran familia de Dios, ahora que se está celebrando en Roma el Sínodo extraordinario de los Obispos, convocado y presidido por el Papa Francisco, sobre el matrimonio y la familia, te encomiendo a las familias, a los matrimonios, a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y para formar nuevas familias, que descubran, vivan y muestren la verdad, la grandeza y la belleza del matrimonio y así puedan renovar nuestro mundo, el tejido humano y social de nuestra sociedad. Que siguiendo tus enseñanzas y bajo tu protección las familias sean los santuarios de la vida, sedes de la cultura de la vida, hogar de la nueva civilización del amor, iglesia doméstica, lugar de encuentro con Dios, centro de irradiación de la fe, escuela de vida cristiana. El futuro de la humanidad se fragua en la familia. Que nos esforcemos y con tu ayuda lo consigamos en salvar y promover los valores y exigencias de la familia”.

“Tú, Santa Teresa de Jesús, querida madre Teresa, eres Doctora universal de la Iglesia, maestra de la sabiduría, porque has preferido la sabiduría de Dios a todos los cetros de la tierra. Necesitamos esa sabiduría: La sabiduría de Dios que nos lleva a saborear la verdad suya y la verdad del hombre, inseparable del amor y de la misericordia. Tú eres maestra que muestras la verdad, la verdad que nos hace libres, la verdad que se hace en el amor. Necesitamos una cultura nueva, la única capaz de humanizar nuestro mundo tan deshumanizado, que es la cultura del amor y de la verdad. Necesitamos generar una nueva cultura. España lo necesita, lo necesita también Valencia. El Evangelio de Jesucristo, como tú nos lo muestras, tiene una capacidad inmensa de humanización y creación de cultura. Danos tu luz y tu sabiduría para que acertemos en estos momentos a orientar ámbitos, espacios, personas e instituciones, comunidades cristianas, parroquias vivas que configuren esa nueva cultura y nueva civilización del amor y de la verdad, porque creen en el hombre y apuesten decididamente por su verdad; que crean que el camino de la sociedad y de la Iglesia no es otro que el hombre tal y como es querido por Dios en Jesucristo, donde se dé el gozo de la verdad. En tus manos pongo esta diócesis, sin duda muy querida por ti, en tus manos pongo España, tan tuya, a ti te las confío, a ti te imploro para que la sabiduría que te ha guiado, la verdadera sabiduría que procede de Dios y le asiste en su trono, sea la única que a nosotros nos guíe.

Que Dios bendiga a todos y que santa Teresa nos proteja en este Año Jubilar, que, en nuestra diócesis, como en toda España, como en toda la Iglesia, será un año, sin duda y con toda seguridad, de una lluvia de abundantes gracias del Cielo.

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