Restos arqueológicos llevan diez años tirados en un solar del Cabanyal

Llevan años abandonados en un solar del Cabanyal, «al menos una década», según la mayoría de los vecinos del lugar, pero nadie sabe con exactitud qué son ni de qué construcción pudieron formar parte, ni siguiera el Ayuntamiento de Valencia.

Se trata de alrededor de cuarenta pesadas piedras que descansan sobre palés de madera en el amplio descampado que delimitan las calles Doctor Lluch, Calle de Cavite y Calle del Horno del Cabanyal. El terreno fue ocupado hasta finales del pasado siglo por degradadas viviendas hasta que el consistorio optó por derruirlas para construir un gran espacio verde del que sólo se ejecutó una parte, la zona ajardinada de Dr Lluch. Al parecer, fue entonces cuando aparecieron en el solar las misteriosas piedras, unos restos arqueológicos olvidados de los que nadie sabe nada.

Algunas son un mero bloque rocoso, otras aún lucen el diseño de lo que podría ser la cornisa de la que formaron parte, pero tras una inspección arqueológica y el primer análisis de la brigada de monumentos del Ayuntamiento los técnicos aseguran que las rocas «no tienen valor arqueológico ni se les atribuye valor monumental». «Si pertenecieron a alguna construcción de momento no sabemos cuál es, pero seguiremos investigándolo», aseguraron fuentes municipales, también desconocedoras de por qué razón se decidió conservar los restos en el descampado cuando se demolieron las viejas casas.

Pintadas de spray

Los restos están visiblemente degradados. Algunos han sido pintados con spray, otros han sido víctimas de improvisados escultores que ha tallado un rostro en una de las piedras, y entre las rocas se acumula basura de todo tipo: latas, botellas, ropa, zapatillas… «Yo he visto hasta jeringuillas», asegura un vecino del lugar, que denuncia que la zona de las ruinas es precisamente el lugar que escogen los drogadictos para inyectarse y hacer sus necesidades. «La caravana de los servicios sociales siempre aparca en el solar y atrae a toda esta pobre gente», añade.

Casi todos los residentes declaran estar «acostumbrados» a la presencia de las piedras junto a sus viviendas. «Las recuerdo desde siempre», responde un joven. «Llevo once años aquí y cuando llegué ya estaban», asegura un propietario; «están ahí desde que quitaron las chabolas», sostiene un veterano vecino. El largo reposo de estas misteriosas ruinas en el barrio también ha dado pie a la especulación sobre su origen y utilidad futura. «Yo siempre pensé que serían de alguna casa antigua y que las colocarían ordenadas en el jardín», asegura una vecina. «Igual son los restos del monumento a Sorolla que cayó con la riada del 57 y sólo fue recuperado en parte», opina un anciano.

Según Pep Martorell, autor de varias publicaciones sobre el Cabanyal, «sólo por la calidad de la piedra y por el hecho de no haber sido retiradas como el resto del material merecen ser estudiadas». «Las he observado muchas veces y no entiendo que el Ayuntamiento no sepa de qué se trata», subraya el escritor, que añade que si algo «está claro es que se trata de un material anterior al de las casas derruidas en el lugar». «No son meros escombros. La piedra es buena y no se corresponde con la estética de la zona», sentencia.

Para el solar los vecinos también tienen múltiples propuestas. «Ya que todo el mundo pasea aquí al perro podrían habilitarlo para los animales», opina Ana. «Lo que tienen que hacer de momento es acondicionarlo como parking», propone Carlos, que lamenta «que una zona tan transitada por los turistas esté tan degradada».

ESMASACTUAL/Redacción

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