¿Sabías que el primer orfanato del mundo estuvo, y sigue, en Valencia?

1-cobertizo-de-San-Pablo-en-1915.-1Reportajes ONDA3/valenciabonita.es/Ruben Tapias.- ¿Sabías que el primer orfanato del mundo estuvo en Valencia? Una orden y un Real Colegio Imperial de Reyes …

Para conocer los inicios hay que remontarse hasta el año 1170, cuando el venerable Lamberto de Begues, también llamado “El Tartamudo” (*1), piadoso presbítero de Lieja, fundó la congregación de DONCELLAS SEGLARES, la cual fue conocida bajo el sobrenombre de su fundador y llamada de las “Beguinas”, extendiéndose por Flandes, Alemania y Francia.

Siglos más tarde, Don Ramón Guillén Catalá, vecino de Valencia, legó una casa situada en la calle de San Vicente, frente a lo que era el Convento de San Agustín.  El llamado Hospital de Santa María o de “En Beguins”, fundado por Don Ramón en 1334, estaba situado como os he dicho frente a la actual Parroquia de San Agustín (a la entrada de la calle San Vicente), y junto al conocido como cobertizo de San Pablo construido en 1484 por Elionor de Próxida, Condesa viuda de Aversa, y derribado, desgraciadamente, en 1955.

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En esta casa se hospedaban y refugiaban cuando enfermaban o cuando pasaban necesidades los ermitaños que por allí se albergaban en diferentes ermitas, y que allí disponían de una pequeña renta para el caso y para los enfermeros que los cuidaban, cuyos ermitaños se llamaban HOMBRES DE PENITENCIA o Beguines. Cabe mencionar que “Beguin” es una palabra de origen alemán, donde su correspondiente en castellano sería beato.

Hay que adelantarnos un poco en el tiempo, concretamente hasta septiembre del año 1410, cuando San Vicente Ferrer utilizó la existencia de la casa de los Beguines para un fin superior, haciéndoles abrazar la regla de la Tercera Orden de Santo Domingo.

Para confirmar tal hecho, se hace referencia del acontecimiento de la siguiente manera y siglos más tarde: “En este mismo año 1410, advirtiendo el Santo el desamparo que padecían muchos huérfanos pobres, pensó en recogerles en una Casa, situada en la plaza de San Agustín . . . la que tenían los cofrades llamados los Beguines o Beatos… En ella pues nuestro Santo recogió los niños y niñas huérfanos, que iban perdidos por la ciudad . . . ” (Tomás Merita Llazer, 1755).

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Por aquel entonces, las calles estaban llenas de moriscos, huérfanos errantes, abandonados y otros ciudadanos abandonados a su suerte, y como era costumbre general la caridad de muchos cristianos, el santo, San Vicente Ferrer,  aconsejó a los Beguines que se ocuparan de estos niños y este permaneció predicando por un breve espacio de tiempo en Valencia. El “Pare Vicent” es, pues, quien fundó la actual institución o Colegio de orfandad en 1410, siendo así el primer establecimiento u orfanato conocido para la atención específica a los niños errantes.

Dado que en 1498 el número de huérfanos en las calles de Valencia había aumentado en exceso considerablemente, se tomó la decisión de convertir y de dar mayor cobertura a todos los desamparados con una ampliación anexa en los edificios de la Casa natalicia de San Vicente Ferrer y el Convento de Santo Domingo, disponiéndose así estos dos como sedes complementarias de la Institución, que por aquel entonces se conocía como Colegio de Huérfanos de San Vicente Ferrer (Espital dels Orfens de Sanct Vicent Ferrer).

A los Beguines, que desaparecieron por efectos de las guerras y por decaer la asistencia de estos en 1540, les sucedieron la llamada Cofradía de los Huérfanos de San Vicente Ferrer, Caballeros nobles dispuestos a hacerse cargo de aquéllos huérfanos, también llamada Cofradía del Bienaventurado San Vicente Ferrer.

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Diez años después, en 1549, el Emperador Carlos I de España, desde Bruselas, oficia al Virrey de Valencia que provea lo que más convenga en beneficio de esta obra vicentina. El 14 de Marzo de 1593, el rey Felipe II, por Real Carta en la que suprime la Cofradía de San Vicente Ferrer y manda a los jurados, el cabildo de la Seo y clavarios del Hospital nombren un representante suyo para administrar el Colegio, le dio plena personalidad jurídica, como Institución benéfica y régimen de gobierno.

¿Qué significa esto? Pues que el título “Imperial” del colegio “lo otorgó el emperador Carlos I, que además donó una casa suya en Valencia para que fuera sede del orfanato”, y que posteriormente, “Felipe II le dio carácter de centro educativo y benéfico”. Todo un honor “Real”.

Un hecho negativo e histórico fue que en 1593 los administradores del colegio fueron acusados de una mala administración, por lo que el rey Felipe II suprimió la Cofradía de San Vicente Ferrer, nombrando una Junta de Gobierno formada por tres miembros: un canónigo de la Catedral, un jurado de la ciudad y un administrador del Hospital General de Valencia. Los tres miembros elegían a su vez a un clavario que era el encargado ejecutivo del gobierno de la institución.

Posteriormente el rey Felipe IV, en fecha de 6 de Noviembre de 1624, hace donación del antiguo Colegio de Moriscos (Colegio dels morets), fundado por su bisabuelo el Emperador Carlos I de España, en 1545, para Colegio y habitación de los niños huérfanos de San Vicente Ferrer, y que también fue conocido como la “Casa del Emperador” (Según se afirmaba el Colegio se construyó sobre una casa propiedad del emperador Carlos I de España y V de Alemania, de ahí lo de Emperador). Felipe IV hizo esta donación considerando el deseo de su padre, Felipe III, de que los niños huérfanos ocupasen y pasasen a vivir perpetuamente en la Casa Imperial. Para dicha petición, se requirió la aprobación papal y la Bula del papa Urbano VIII que se obtuvo en 1624.

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Eran tiempos del patriarca Juan de Ribera, y el acogimiento se hizo extensivo a todos los huérfanos indistintamente, moriscos o no. Es a partir, pues, desde esta fecha cuando el Colegio adoptó el nombre de Colegio “Imperial” de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, como honor y distinción de la donación de Felipe IV del edificio para el amparo de los niños.

Cabe mencionar que dicho lugar quedó vacío desde la expulsión de los moriscos en 1609. A pesar de esto, miles de niños moriscos quedaron al desamparo y diversos textos lo recogen. Aun así, no es sencillo contabilizar exactamente el número total de niños moriscos que quedaron en Valencia tras la expulsión. En una Consulta del Consejo de Estado al Virrey de Valencia, de 17 de abril de 1610, se manifiesta «que los niños y niñas de siete años abaxo son 1832» (AGS, Secret. Est. Leg. 228) ; el Censo de 29 de agosto de 1611, eleva el número a 2450 niños; y, Gironés en Los Morisquillos, aclara que 1217 son Niñas y 1204 Niños. La prudencia en cuanto a la objetividad de estos datos exige matizaciones, cual las advertidas por Miquel Barceló en «Els Nins Moriscos», ( 1976, 327-332). (Studia Philologica Valentina, Vol. 15, n.s. 12 (2013) 87-106, bajo el título “Colegios e instrucción de niños moriscos en la ciudad de Valencia”).

 Carlos II, en fecha de 31 de Enero de 1677 y por Real Carta estableció y dejo escrito que “Para que puedan recoger más huérfanos hasta tener tiempo de poderles acomodar en los oficios que eligieren…”, se ordenó a la Ciudad de Valencia “que de hoy en adelante le pagues censo día por día, como se ejecuta en los del Hospital”.

Como curiosidades, una de ellas es que el Colegio acogió en 1917 “la Feria Muestrario de Valencia”, que fue la primera de este tipo en España, bajo la iniciativa de José Grollo, presidente de la Unión Gremial valenciana, donde se habilitaron los patios del Colegio Imperial de Niños de San Vicente Ferrer a los 148 expositores al carecer de local propio la Feria, además de pasar por el vestíbulo de la aún no inaugurada estación del Norte, junto a la plaza de toros de la ciudad, que empezó a funcionar en agosto. También cabe decir que los niños del Colegio Imperial “cantaron” el único sorteo de la “Lotería de Navidad” de 1936 que se ha celebrado en Valencia.

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Continuando con su historia, decir que el rey Alfonso XIII, por una Real Orden, firmada el 29 de Enero de 1913, clasificó “. . .de Beneficencia particular el Colegio Imperial de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer, instituido por el mismo Santo (…), pues aparte de ser su objeto esencial el acogimiento de niños huérfanos pobres, realiza también misión educativa .

Cabe resaltar, y en mayúsculas, que el Colegio Imperial es el primero del mundo que impartió a las chicas una formación académica. Hasta el siglo XVIII las niñas sólo eran adiestradas en la labores del hogar y preparadas para el matrimonio. Es pues, todo un honor (a pesar de que por desgracia que no fuera siglos antes debido a una sociedad pre-concebida) que este centro les enseñara a leer y escribir sin distinción de géneros ni privilegios, dondepodría decirse que las mujeres tienen en el Colegio Imperial su primer referente de formación intelectual.

Por desgracia el centro sufrió una desgracia en el año 1968 por hundimiento parcial del Colegio y de la Capilla, donde se edificó otro en un nuevo emplazamiento en término municipal de San Antonio de Benagéber, a 14 kilómetros de Valencia, y que no fue hasta el 18 de septiembre de 1977, donde la Institución acogería con “gracia” los nuevos pabellones, espacios ajardinados e instalaciones “als xiquets de Sant Vicent”, quedando pues inaugurado el actual centro que hoy en día perdura en el nuevo emplazamiento.

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En la actualidad, el Colegio Imperial Niños Huérfanos San Vicente Ferrer es una institución valenciana con más de 600 años de antigüedad, carente de fin lucrativo y de carácter benéfico-social. Se puede considerar al colegio “única obra que queda viva en la actualidad del patrono de la Comunidad Valenciana”.

El colegio ocupa unos 70.000 metros cuadrados, disponiendo de aulas informatizadas, talleres para manualidades, polideportivo cubierto y piscina así como una amplia zona verde. Es un centro mixto y concertado donde, además de los huérfanos residentes, “acuden a estudiar también otros 160 alumnos” distribuidos en Primaria y Secundaria. Dispone de plazas para 80 huérfanos, aproximadamente, que han perdido a los dos progenitores o a uno de ellos, o “niños de familias monoparentales, es decir, con madres solteras o padres o madres abandonados”. La estructura organizativa del centro parte de un modelo propio y experimentado de Casa Colegio, caracterizado por recrear al máximo un ambiente familiar, priorizando el desarrollo emocional, físico e intelectual y manteniendo los valores promovidos por San Vicente Ferrer.

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En la capilla se encuentra “la única reliquia de san Vicente Ferrer que hay en España, el radio de su brazo derecho, donado al colegio por el ministerio de Cultura de Francia y la diócesis gala de Vannes, donde está enterrado el santo”. Pero este no es el único tesoro que aguarda en sus entrañas, pues la cerámica, los documentos y la pintura, siendo todas las piezas propiedad del Colegio Imperial, son uno de los mayores patrimonios que dispone el Colegio y la ciudad de Valencia, donde  destacan “una última cena de Juan de Juanes”, una “colección de nueve cuadros de Benlliure”, “piezas de cerámica de los siglos XVI al XIX” y “la reliquia más importante que hay en España de San Vicente Ferrer” y que os he comentado antes.

En recuerdo de aquel edificio, el antiguo emplazamiento, existe en Valencia, en la C/Pérez Báyer, una estatua callejera del santo, además de por ejemplo existir más imágenes en recuerdo al santo como la imagen que hay en el Puente del Real en un casalicio, con los dos santos a cada lado (San Vicente Ferrer y Mártir) o la que hay en la puerta de los Hierros o Barroca de la Catedral de Valencia.

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