Soliloquios Estivales: Toros, Carmena y Curas

verano

Por José Aparicio Pérez. Doctor en Arqueología UV. Académico de la RACV. 

Muerte si, muerte no.

Los cosos, sus aledaños y sus lejanías andan encendidos, arden. Palabras y más palabras, de momento. Esperemos que no vaya a mayores y lo que origina el enfrentamiento no sea la conclusión.

Se regodearon los, las , o parte de los que militan en una especie de organización, partido o vaya Ud. a saber qué, llamado Animalista, de la muerte de un torero a manos, o mejor a cuernos, de un toro. Nada anormal aunque no frecuente. La lucha es a muerte. Total por lo tanto.

El toro, uro en la prehistoria, era un animal peligrosísimo en nuestras tierras una vez desaparecida la fauna depredadora (el toro no lo es) de leones, panteras, leopardos y hienas de ellas. La tecnología avanzada lo permitió y hoy es facilísimo. En los mataderos se liquidan millones de ellos diariamente.

Pero, sin duda, luchar o ”jugar” con un toro se debió considerar como un hecho heróico y los testimonios desde la Edad del Bronce existen.

En la Península Ibérica evolucionó convirtiéndose en Fiesta Nacional como hecho distintivo desde el Cantábrico hasta Cádiz y, desde el Mediterráneo hasta el Atlántico, con ramificación por el Midi, francés hoy. A la América Hispánica la llevamos nosotros.

Parte, creemos insignificante, de los animalistas, haciendo honor al nombre se han deshonrado con sus infames y grotescas declaraciones, insultos y amenazas, tanto al muerto, como a su familia y, en general, a todo aquél que ha osado intervenir o manifestarse.

El toreo como tal se considera como un arte y, si bien se mira lo es hasta cierto punto. Cuando se llena la plaza, palcos y gradas multicolores, la arena, la música, los caballos, el paseíllo, los alguaciles. Perfecto. Bien.

Suena el clarín. Se abre el portón y sale con ímpetu y bravura el extraordinario y bello animal, dispuesto a embestir al mundo, un escalofrío recorre la espina dorsal de los espectadores. Desde el burladero sale el torero, con su traje de luces ceñido, multicolor también, “armado” con el capote, simple trozo de tela también de color. El animal ataca, más bien se defiende porque se siente acosado. El torero, con suma elegancia, juega con él, lo hace ir, venir, lo engaña con garbo y brío. Fantástico.

Después la muleta. Hay que arrimarse, arriesgar. Vida o muerte a unos centímetros. Suena la música, vítores y aplausos. Arte sin duda hasta ahí, si soslayamos picadores y banderilleros para mitigar la bravura del animal.

Mas, a partir de ahí todo cambia. Hay que matar al extraordinario animal. Estocada, sangre a raudales, la vida que se le escapa a chorros. El arrastre. Y aquí una advertencia, el sinónimo de “torero”, “matador”, utilizado, quizás debiera abandonarse.

Si lo primero es arte, lo segundo ofrece serias dudas. La valoración final no la considero fácil. Habría que meditarlo largamente y buscar una solución. Por supuesto sin intervención de los animalistas, o por lo menos de los que denigran y prostituyen el movimiento con sus intolerables y miserables manifestaciones.

Viven los árboles para bien o para mal

Los árboles viven, son seres vivos, nos lo enseña la abuela Carmena, la del verbo torpe y la sonrisa fácil. Y, como tal, tienen sombras, muchas sombras. También luces. Un manzano, dicen, iluminó a Newton, permitiéndole deducir la Teoría de la Gravedad, hoy de la Gravitación General o Universal. Lo vio tan meditabundo y confuso que dejó caer una manzana y, su ruido o visión, puso en marcha la red neuronal del mejor físico y matemático de todos los tiempos, al decir de eminentes físicos actuales.

Pero otros son ruines, asesinos, diríamos. Taimadamente, como seres vivos, cuando se les ocurre, al ver pasar a un humano bajo una gruesa rama la suelta y, ¡zas!, humano al cementerio. Ha ocurrido en Madrid y así lo considera Carmena.

No sabemos qué pensará del árbol del bien y del mal, manzano que permitió que Adán mordiera su manzana, lo que hizo pecar a toda la Humanidad.

Ella y sus pupilas son partidarias de que dichas mordidas se prodiguen, para lo que estimulan el desnudo en las piscinas. ¿Permitirá esto elevar el bajo y catastrófico nivel de natalidad nacional, aún a costa de aumentar los pecados originales?. Ya vorem.

Curas en pie de guerra

El Tambor del Bruch parece convocarles. Maltratan al buen valenciano Enric Esteve, que tiene asegurada la Presidencia en la gran institución valenciana Lo Rat Penat. Ellos, país valencianistas sin duda, apelan al respeto al Estatuto de Autonomia que da el poder normativo a la Academia Valenciana de la Lengua Catalana. Quieren ser legales sin duda, salvo en lo que no les conviene.

También apelan al respeto a la feligresa que necesita urgentemente, antes que trabajo, sanidad, vivienda digna y pan, un Misal, naturalmenmte en Lengua Catalana, y precisamente para la izquierda radical valenciana que, al modo de Ribo, no va a misa, e incluso, les da urticaria entrar en la Catedral o en cualquier Iglesia.

El Sr. Esteve ha vuelto a darles adecuada respuesta, tal y como merecen. Monseñor Cañizares supongo que también, ignorandolos, como procede.

 

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