Soliloquios primaverales postreros

Jose Aparicio

Por José Aparicio Pérez. Doctor en Arqueología. Académico de Número de la RACV. 

La diestra contra la derecha, o viceversa

El peor enemigo de los conservadores, vulgo derecha o diestra, son los propios conservadores, es decir la diestra o derecha. Comprueben como, en cuanto hace su aparición, cualquier atisbo de corrupción, del signo que sea, sobre su sombra se lanzan como depredadores todos los medios, tanto televisivos, como radiofónicos, de papel o digitales afines a la misma.

Lo que se une a la fijación permanente sobre ella de las cadenas televisivas que viven, sobreviven y se lucran con aportaciones extras de los que quieren, y pueden, hundirla para desestabilizar el país, sumiéndolo en el caos económico y social, antesala de la revolución y el principio del fin de Europa, cuyo rapto consumarán.

La izquierda favorece y encubre a la siniestra, o viceversa

Ellos añaden, frente a conservadores, lo de progresistas, imposible de reconocer hoy día si juzgamos por el retroceso económico y social, cercano al caos total, que dirigió y culminó Zapatero.

Con total desvergüenza, cuando se les recuerda o recrimina que estén colocando a toda su familia en cargos públicos más o menos a dedo, no vacilan en la respuesta, ni tartamudean. Contestan con firmeza que si los otros lo hicieron por qué no ellos. Se convierten en la casta que tanto critican porque sirve para chupar del bote. Algunos, por su infantilismo y torpeza, debieran estar chupando todavía, de la teta o del frasco del biberón (como Carrasco).

Al abrir el juez, el camino a la cárcel, para el duo del cambalache “andalú”, “ere pa mí”, “ere pa tú” , el partido ha reaccionado con un “prieta las filas” en cántico marcial. Bastantes manos se chamuscarán, las de alguno desde su paraíso marroquí o mexicano. ¡Alá es grande! o ¡Allá en el rancho grande!, entonará divertido.

Mundo, demonio y carne

Son las querencias de la izquierda a la valenciana.

El mundo porque revuelto y embarcado en la conquista de Europa, pretenden embutirlo o enlatarlo aquí en Valencia. Para ello han habilitado el puerto, expulsando a los ricachones que se permiten viajar por el mundo en apartamentos de lujo, provistas despensas y lujosos pesebres (vulgar por restaurantes).

El demonio porque les dirige la persecución contra los cristianos y sus pastores.

La carne porque se permiten favorecer a empresas amigas y familiares, uno directamente sin vergüenza y sin dar explicaciones y, encima, chulo contra el medio y el diputado que se permitió en-carnarlo, es decir ponerlo encarnado. Otra porque dicen que ha mentido para tapar al otro.

El demonio los crió y ellos se juntaron.

Aplausos y pitos

Si hiciéramos caso a la fábula, que sentencia que cuando el sabio me critica, mal, pero si el cerdo me aplaude, peor, debiéramos tomarla al pie de la letra y, aplicada al caso valenciano quedaría así: cuando el Pueblo Valenciano se escandaliza y me critica, mal, pero si, por lo mismo, sus enemigos, los lacayos de la oligarquía catalana, me aplauden, peor o gravísimo. ¿Servirá el ejemplo aquí, por lo de la lengua? Ya vorem.

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