A todos y cada uno nos llegará

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Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos del Grupo ONDA3 y de ONDA3TV.

Dicen que a todo puerco le llega su san Martín. No acierto a dar una respuesta, adivinatoria, al observar que el número de gorrinos crece de día en día, y no vamos a tener tanto trigo para poderlos ingerir. 

En la pocilga de la vida, todos sufrimos de determinados males, que nos aquejan y acechan. Solo la rectitud y la dignidad, nos puede llevar a ser de los pocos elegidos para la matanza, aunque tengamos la seguridad de que más tarde o más temprano llegara doña Muerte con su guadaña y nos arrancará de las fauces del mundo presente. Eso si, aquellos que caminen despacio, con sencillez, honradez, buen hacer y sobre todo, su corazón albergue ilusiones y buenas esperanzas, serán los últimos en pasar por las manos del matarife.

Estos días he conocido a personajes, que yo los califico de “veletas”. Solo acuden al reclamo del amo que los puede alimentar. Utilizan las más bajas pasiones, para conseguir sus propósitos, intrigando y deshaciendo la vida personal y social de las personas, que se les acercan con buen corazón, y a las que les nace ayudar a los falsos amigos, que pronto te clavaran su daga, en el momento que te des la vuelta. La traición, ha sido una de las formas de vida de los les gusta medrar. Son babosos, rastreros, incluso podíamos decir que cornudos, y solo viven por su propio interés, es decir, por salvar su casa, que siempre llevan a cuestas, ya que no confían en el conjunto de la sociedad.

Hay de aquellos pobres facinerosos, que no entran en el juego de los caracoles. Que no se prestan a participar en la orgía de los disolutos, sino que se mantienen firmes y fieles a sus principios morales y éticos, no permitiendo que nada ni nadie, sea capaz de traspasar las fronteras de su vida personal y afectiva. Solo la destrucción, la mera invitación a convertirse en la pira sodomita, provocará la aquiescencia de los que le atraen con chanzas, engaños y adulaciones. La catadura moral de éstos sujetos nos lleva a tener que desecharlos de la sociedad. Lo mejor es que vivan apartados de la misma, para que no la manchen con sus consignas diabólicas, que lo único que pretenden es la destrucción de la persona y del individuo. No podemos plegarnos a sus confabulaciones. Debemos mantenernos firmes, ante las propuestas deshonestas de los que solo piensan en la vida podrida y disoluta, en los que solo valoran el aquí y el ahora, sin pensar que hemos de trabajar nuestro espíritu, para la trascendencia.

La vida de los caracoles, suele ser corta, de ahí que se aferren a la existencia física. Mientras les chorrea la baba, observando a los jóvenes pubéres, que compran con su dinero, sucio y podrido, a las nuevas generaciones de caracoles, para que les ayuden a chupar toda la podredumbre que rodea sus vidas, vacías y carentes de sentidos. Con tan solo un pisotón, podemos terminar con una colonia de caracoles. Pero hay que ser firmes y consecuentes, y tener las cosas claras. Solo la rectitud la encontraremos en las bondades del corazón, en la práctica de la verdadera humildad.

No podemos ampararnos bajo las banderas de los territorios humanos, para satisfacer nuestro aburrimiento, nuestra vida laxa, nuestras más bajas pasiones. Medrar, es una forma de vivir, habitual, y no siempre clara de las personas que se amparan bajo una determinada tela, representativa de una colectividad, que sirve para enfrentarse los unos contra los otros, y que muy a menudo, la utilizan determinados caracoles, para taparse bien, y hacerla su escudo, falso, porque solo la quieren para resguardarse, no teniendo por ella, ningún apego cultural ni lingüistico. Utilizan las banderas, para su propio provecho, para que sean esos escudos, con los que poder ascender y sobre todo ganar puestos ante la sociedad, porque su deseo es enriquecerse, a costa de los caracolillos que les hacen de coristas.

Hoy el ATICO DE LA COMUNICACIÓN, está indignado con la podredumbre de determinados sujetos, que usan al pueblo, como si se tratara de marionetas. Desde todos los órdenes de la sociedad, las maquinaciones a favor de los bolsillos particulares, siguen a la orden del día. Pero hay que ser observadores: cada uno de los que participan en la hoguera de las vanidades, y se dejan corromper, acaban con sus huesos en las prisiones humanas, fruto de la Justicia, que siempre brilla, a pesar de ser una justicia con tintes humanos.

No permitamos que sean los caracoles los que ganen la partida. Demos ejemplo de vida recta, y sigamos por el buen camino, ese que practican aquellos que solo escuchan la belleza del corazón.

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