Tras los secretos de las catacumbas de Santa Priscila

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Textos ONDA3 | Canal Investigación.- Cuando los arqueólogos comenzaron a excavar las catacumbas de Santa Priscila, en Roma a finales del siglo XIX esperaban encontrar un tesoro: los monumentos tallados y vibrantes frescos que se suelen decorar los antiguos cementerios subterráneos. Pero en su lugar hallaron devastación.

El sarcófago de mármol del interior estaba hecho añicos, escribió el estudioso encargado de la excavación, Rodolfo Lanciani.

Los lujosos mosaicos que en algún momento decoraron las paredes habían sido arrancados, al igual que las incrustaciones de mármol, “y el altar estaba desmantelado y los huesos dispersos”. Parte del saqueo había ocurrido dos siglos antes y bajo las órdenes del Vaticano.

Y es que a mediados del siglo XVII, tanto el papa Inocencio X como Clemente IX enviaron cazadores de tesoros a las profundidades de las catacumbas. Otros pudieron haber destruido el cementerio romano-paleocristiano por una razón distinta a la codicia.

Hay quien piensa que los primeros exploradores vandalizaron las tumbas creyendo que estaban malditas y debían ser demolidas. Lanciani relató que unos hombres que merendaban en los alrededores le hablaron de “los fantasmas de la cripta, cuando de repente el carruaje que los había llevado allí comenzó a rodar colina abajo, empujado por unas manos invisibles”. Hasta que cayó al río y lo tuvieron que sacar de allí con bueyes.

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Hoy son pocos los que creen que los fantasmas rondan el cementerio. Pero las catacumbas de Santa Priscila siguen siendo, en cierta forma, tan peligrosas como lo señalaban las enseñanzas de la iglesia.

Los descubrimientos hechos allí han desatado la polémica en torno al papel de la mujer en la iglesia y han ayudado a los eruditos a reevaluar la importancia de la Virgen María en la historia de los primeros cristianos.

Situadas en la Vía Salaria, una antigua carretera que conduce al norte de la capital italiana, las catacumbas de Santa Priscila son menos conocidas por los turistas que las que se encuentran en Vía Appia. Sin embargo, son las más importantes de Roma. Por el número de mártires enterrados allí y por su gran tamaño, el cementerio subterráneo fue un importante lugar de peregrinación durante la Edad Media.

Hoy en día su principal atracción para los estudiosos y los visitantes curiosos es la Cappella Grecao capilla griega. El espacio albergó una vez unos grandes y valiosos sarcófagos, hoy desaparecidos. Pero aún está decorado con unos frecos extraordinarios. Muchos de ellos, además, muestran a mujeres; algo inusual.

El fresco más controvertido es el que reproduce el banquete de la eucaristía.

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Esta pintura muestra a siete personas sentadas a la mesa. La figura situada a la izquierda del todo parte pan con sus manos. Así que cuando se descubrió el fresco se asumió que era un hombre, “ya que las mujeres no pueden partir el pan y liderar la eucaristía”, dice Nicola Denzey Lewis, profesora de estudios religiosos en la Universidad de Brown, Estados Unidos, y autora del libro “Los recolectores de huesos: los mundos perdidos de las primeras mujeres cristianas” (The Bone Gatherers: The Lost Worlds of Early Christian Women).

Y añade que, tal vez para ayudar a esa interpretación, en el siglo XIX alguien eliminó parte del pigmento del rostro del personaje, de modo que pareciera que tenía barba.

Sin embargo, por los vestidos (una de las figuras luce incluso un velo como el que solían usar las mujeres romanas) y sus delicados rasgos, son pocos los académicos, incluso los turistas, que hoy creen que los personajes representados en el fresco son hombres.

Algunos argumentan que la pintura muestra a mujeres oficiando misa; esto es, actuando como sacerdotes. Aunque eso iría en contra de las enseñanzas católicas. Podría representar también un banquete fúnebre, el tipo de celebración que tanto los paganos como los primeros cristianos romanos habrían llevado a cabo ante la tumba del difunto.

“No era una eucaristía. La intención nunca fue representar una eucaristía. Sólo se llamó así porque fue lo que se le ocurrió al clérigo que lo descubrió a mediados del siglo XIX”, explica Denzey. “Creo que la que está al cargo es una mujer, sin duda. Pero no veo en la escena evidencias de que sea una sacerdotisa”.

Sin embargo, Denzey y otros estudiosos consideran que los frescos de Santa Priscila demuestran que las mujeres jugaron en la iglesia primitiva un papel mucho más importante del que se cree.

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“No creo que nadie pueda cuestionar seriamente que hubo mujeres diaconisas, al menos hasta el siglo IV”, señala Robin Jensen, profesora de Historia del arte cristiano en la Universidad de Vanderbilt, EE.UU.

Pero más allá de los misterios que pueda ocultar, Santa Priscila es notable por otra razón.

Tradicionalmente se consideró que las catacumbas con tumbas cristianas eran asentamientos puramente cristianos, establecidos por la iglesia para ese propósito.

¿La razón? Que la iglesia primitiva era muy organizada y tenía una clara jerarquía.

El cementerio subterráneo de Santa Priscila no fue originalmente propiedad de la iglesia. Perteneció a la ilustre familia romana Acilii Glabriones. Los Acilii Glabriones, que pudieron haber sido cristianos o no, fueron dueños del terreno durante más de 250 años. Así que enterraron a los fallecidos de la familia extendida, libertos y esclavos incluidos, en un sistema de túneles, añadiendo nuevos a medida que los necesitaban.

Incluso si fueron cristianos, probablemente no dieron sepultura solamente a cristianos. Y es que las familias de los primeros siglos de la Era Común (después de Cristo) eran de religiones mixtas, y las tumbas se organizaban por grupos familiares, no de acuerdo a las jerarquías eclesiásticas.

Pero hay otra pieza del rompecabezas de Priscila que pone en cuestión las creencias tradicionales: el supuesto fresco de la Virgen María.

Se dice que trata del siglo III, y representa a una mujer con velo y un niño en brazos. Si de verdad es la Virgen María, es la más vieja imagen de la madre de Jesús que existe.

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Pero también una bien extraña. Y es que está situada en un lugar poco común: en el techo.

Aparte de ésta, las primeras imágenes reconocidas de María son del siglo V; después de que en el Concilio de Éfeso en el año 431 se la reconociera oficialmente como la madre de Cristo. Así que, por lo antiguo que es el fresco, algunos dudan de que la mujer que representa sea María.

“Podría ser la primera imagen de la Virgen María. Pero también una mujer fallecida con un bebé”, dice Jensen.

¿La Virgen María o alguien más? ¿Una catacumba cristiana o una mixta? ¿Mujeres que oficiaban misa o no? Si las catacumbas no hubieran estado tan dañadas ni hubiera sido eliminado tanto contexto arqueológico, las respuestas a esas preguntas serían más claras.

 

 

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