TURISTAS Y MENDIGOS EN VALENCIA

baltasarbueno

Por BALTASAR BUENO TÁRREGA. Columnista.

El ajetreo diario me deparó el otro día una hora libre por la mañana y me senté en la terracita low cost de una bar que regenta personal chino, cuatro veces más barata que el resto de las existentes en la plaza de la Virgen, y desayuné por dos euros solamente, al tiempo que leía prensa escrita, costumbre ésta de ir al kiosko que ha perdido últimamente demasiada gente.

 Era un día normal y corriente, no festivo, y las oleadas de turistas en grupo, a pie o en bicicleta, se sucedían continuamente. También parejas y grupos familiares, cámara en ristre y planos en mano. Indicativo ello que Valencia es ya una ciudad turística, dejó de ser el semáforo de Europa y aquella capital donde hace años una cartela en la entrada de la urbe mendigaba al coche extranjero de paso que parase en la ciudad, la cual podía visitarse en una hora.
Muchos de los turistas preguntaban todo a todos los autóctonos que pasaban por el lugar. No había informadores turísticos. Las autoridades de la autonomía o de la ciudad siguen sin enterarse que Valencia es una ciudad turística, muy a pesar de que la Rita haya dicho que ha puesto a Valencia en el mapa. En el mapa de la corrupción sí que la ha puesto su partido.
En razón a ello, sigue sin haber informadores turísticos en la ciudad, que vayan acreditados e identificados por las calles, por los lugares más turísticos informando. En cualquier lugar turístico del mundo hay personas con chalecos bien visibles puestas por los ayuntamientos como informadores turísticos callejeros, bien esperando que alguien les pregunte algo u ofreciéndose cuando observan que alguien necesita ayuda orientadora. Hasta ahora los concejales que ha tenido Valencia no se han percatado de este detallito tan beneficioso para nuestro turismo. En sus múltiples salidas al extranjero a costa del erario municipal –pregunten si no a la ex Concejala de Faltas de Ortografía del Ayuntamiento de Valencia, responsable también de Turismo, Mayrén Beneyto- no pudieron pillar la idea y hacer un corta y pega en sus políticas municipales.
Por el contrario, lo que sobreabunda es una excesivo plantel de pedigüeños variados en nómina en la industria de la mendicidad que no hacen más que atosigar, cuando no coaccionan o amenazan, en demanda de limosnas. En una hora por mi mesa a pedir pasta pasaron media docena de peticionarios, todos ellos, por cierto, extranjeros. Actividad ésta, por cierto, prohibida por las ordenanzas municipales. La policía multa a los músicos callejeros y ni se inmuta ante esta organización que en furgonetas todos los días distribuye estratégicamente por la ciudad a sus adheridos.
Esperemos que la gente nueva que ha llegado al poder municipal pise más la calle, analice mejor la realidad y trabaje por una ciudad más habitable y mejor organizada, que tome medidas y no haga sólo gestos, que lo haga bien y no desparramen ni despilfarren como los de la banda que el pueblo ha puesto de patitas en la calle por vagos, negligentes y caraduras. Y, sobre todo, que no se dejen corromper por los corruptores de turno que ya deben estar al acecho.

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