Una profunda tristeza

Lina_Morgan

Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos del Grupo Jota+Jota. 

Hoy deja este mundo terrenal mi gran amiga MARIA DE LOS ANGELES LOPEZ SEGOVIA, conocida como LINA MORGAN. Fue una gran mujer, actriz, empresaria y sobre todo amiga de sus amigos y de su público.

Yo la vi por primera vez actuar con mis padres en el Teatro de La Princesa con su Vaya Par de Gemelas. Posteriormente la puede volver a ver en su teatro de La Latina, con su gran y genial obra Si al Amor. Tuve la satisfacción de ser contado entre sus amigos y colaboradores, y en mi labor creativa, junto a su hermano José Luis, le hice varios números musicales, que representaría posteriormente en otras de sus obras. Ya de estudiante de Ciencias de la Información en la Complutense de Madrid, tuve siempre el honor de seguir con mis colaboraciones dramáticas, a la vez que fue una de mis primeras entrevistas para los medios de comunicación. Tanto José Luis como Lina, me fueron introduciendo en el mundo de los actores, teniendo la dicha de poder hacer grandes entrevistas. Para mí fue como mi hada madrina particular en el mundo de los medios, tan bonito pero tan complicado. Yo acudía al teatro de La Latina, todos los días, y si alguno no podía, al día siguiente Lina, ya me estaba buscando porque le faltaba un amigo en la sala o entre bambalinas, honor que pocos periodistas suelen tener, ya que estabas precisamente en el centro de toda la dramaturgia. Supo ser consejera, amiga y un poco madre y protectora. Recuerdo los sábados y domingos a mediodía, en su casa, con su madre doña Purificación y su hermana Julia, grandes cocineras y mujeres de su casa. Entablo una gran amistad con mis padres, hasta el punto que cuando visitaba Valencia, comía o cenaba con nosotros, o se pasaba varios días en casa. Eran otros tiempos de felicidad y sana harmonía. Fue una gran amiga, que te iba conduciendo por los entresijos del show bussines, para que no cometieras errores, que luego podías lamentar, ya que los mundos del teatro y de todo lo relacionado con el arte de la escena, resultaba un tanto peligroso. Su mano protectora, siempre acertaba y sobre todo era totalmente respetada.

Al morir su hermano José Luis, ella sufrió un gran revés. José Luis lo era todo para Lina: su apoyo, su amigo, su creador de sus obras con su equipo, su productor. Ella también murió un poco cuando José Luis nos dejó. Para mí, también fue un duro golpe. Mi madre y yo fuimos a Madrid, a acompañar en el duelo a la familia López-Segovia. Al volvernos, nos dimos cuenta del gran cambio experimentado por Lina. Su ánimo estaba un poco hundido, y era totalmente normal.

Cuando falleció mi padre, vino a estarse con nosotros unos días, y lleno las vidas de mi madre y mía de felicidad. Cuando mi madre partió como ella a esa vida desconocida, pero eterna, Lina se encontraba ingresada en el hospital, y desde allí me llamó para darme el pésame y decirme que quería verme. Yo a los pocos días, así lo hice, y pase dos días con ella. Hablamos poco, pero supimos compartir el dolor que yo estaba experimentando y que ella también hizo suyo. Comprendí, que era la última vez que nos veríamos, pero no fue así. Me llamó el día de la Inmaculada, y me dijo que fuera a verla a la residencia geriátrica dónde había sido trasladada por orden facultativa. Yo sabía de su estado a través de su representante, que se ha portado con ella de forma exquisita. Supe guardar el secreto de su enfermedad y lo sigo haciendo por el respeto y el profundo amor que sentía por ella y por toda su familia.

Hoy es ella la que ha partido a la Vida Eterna. Estoy seguro que seguirá alegrando a todos sus amigos y seres queridos con los que se ha encontrado ya. Va a ser una gran Celeste, porque ésta vez, Lina Morgan, sí que ha tomado su “ultimo tranvía”.

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