Unificar para construir

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Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Director de Contenidos Informativos Grupo Jota+Jota

A veces debemos retrotraernos y revisar la historia, en este caso, la más próxima, ya que los fenómenos de unión de territorios en Europa, lo vamos a encontrar en la Edad Contemporánea. 

Vamos a fijar nuestro análisis en una de las naciones europeas que tuvieron mas protagonismo en el papel unificador de sus territorios: Alemania.

Antes de la formación de un Estado nacional unificado, el actual territorio de Alemania se encontraba dividido en un mosaico político de más de 30 Estados. Entre ellos se destacaron, por su importancia económica y política, Austria y Rusia.

Desde principios del siglo XIX se inició un proceso de organización de un Estado nacional en Alemania. Un paso importante en este proceso fue la formación de un mercado único en la región, impulsado por la aristocracia terrateniente —los junkers— de Prusia y la burguesía industrial de la cuenca del Rhur.

Un hecho trascendente se produjo en 1835 con el establecimiento de la unificación aduanera —Zoelverein— ¿Que integró el territorio prusiano con otras regiones alemanas. Sin embargo, debido a las diferencias políticas entre Austria y Prusia, entre otras causas, el proceso de unificación no pudo llevarse a cabo en la primera mitad del siglo XIX.

Desde 1848 fue cada vez más intensa la actividad política de grupos nacionalistas que alentaban la formación de un solo Estado para todos los alemanes.

Prusia y Austria eran muy distintas en sus aspectos económicos, sociales y políticos.  Austria estaba dirigida por una monarquía de corte centralista y autoritaria. Gobernaba un territorio habitado por diferentes pueblos  —croatas, húngaros, eslavos y serbios— que tenían distintas lenguas, religiones y costumbres. Esto fue motivo de frecuentes sublevaciones contra la monarquía austríaca, ya que el principal  reclamo era el derecho a la formación de sus propios Estados nacionales.

En lo económico, Austria fue un país que no contaba con recursos ni con una burguesía poderosa capaz de lograr un desarrollo industrial propio. El mantenimiento de un ejército y de una administración que mantuviera la unidad imperial le creó graves dificultades financieras. Prusia, en cambio, experimentó un desarrollo económico muy intenso, que hizo de ella el centro del crecimiento industrial de la región. El aumento de la producción de acero, carbón y hierro, en la segunda mitad del siglo XIX así lo demostró.

Las comunicaciones  —ferrocarriles, barcos de vapor, telégrafos— crecieron de tal modo, que permitieron la formación de un activo mercado económico. Además la población prusiana era mucho muís homogénea que la austriaca, ya que no existían pueblos tan diferentes en su lengua, religión y costumbres. El desarrollo económico prusiano tuvo otras consecuencias: la consolidación de una burguesía industrial, aliada a los terratenientes —jnnkers—y el predominio en su gobierno de ideas liberales, que buscaban la formación definitiva de un Estado nacional.

Las diferencias entre Austria y Prusia en sus proyectos de unificación política fueron notorias. Prusia pretendía la unión creando un Pequeña Alemania (los territorios del norte), y buscaba afirmar el predominio prusiano, excluyendo a Austria. La monarquía austriaca, a su vez, quería imponer la unidad a partir de la formación de una Gran  (norte y sur de la Confederación), con el reconocimiento de Austria como dirección política del nuevo Estado.

El predominio económico y político dé Prusia, le otorgó ventajas sobre Austria para encabezar la formación del nuevo Estado nacional.  Para conseguir su propósito, Prusia tuvo’ que desplazar, primero, la influencia política austriaca sobre los territorios de la región. Y asegurarse de que en caso de guerra, su poderosa vecina, Francia, no apoyara a Austria.

Finalmente, luego de dominar varios territorios al norte de su país, Prusia entró en guerra con la monarquía austríaca y la derrotó en 1866. El rey prusiano Guillermo 1 y su primer ministro Otto Von Bismarck fueron los principales gestores políticos de esta estrategia.  Como consecuencia de ello, se organizó una Confederación Alemana del Norte bajo el control político de Prusia.

El paso final en la unificación alemana se dio luego de la guerra franco prusiana de 1870. Prusia venció militarmente a Francia —la consideraba su principal rival continental—, y se apropió de los territorios franceses de Alsacia y Lorena, muy ricos en minerales.

Impulsado por sus triunfos militares el gobierno prusiano creó en 1871, con la incorporación de otros territorios, un nuevo Estado nacional: el Imperio alemán ó II Reich. Se caracterizó por ser un gobierno militarizado, apoyado políticamente por conservadores y liberales. El nuevo Estado se preocupó, además, por garantizar los intereses económicos y sociales de la burguesía industrial y de los grandes terratenientes prusianos.

Entre 1870-71 la Confederación del Norte de Alemania, que el propio Bismark había creado, derrotó a Francia en la Guerra Franco-Prusiana. Se configuró entonces el Gran Imperio Alemán del que fue nombrado primer canciller. Intentó aumentar el poder del Imperio por medio de ataques al partido socialdemócrata con leyes excepcionales, tomando algunas leyes sobre retiro obrero y luchando contra el partido católico ( Kulturkampf ). Esto ocurrió entorno a 1878. Llevó a cabo la Triple Alianza formada por Italia, Austria y Alemania así como otros pactos y alianzas. Se hubo de retirar del poder cuando Guillermo II accedió a la corona por problemas personales entre ambos. Recibió tanto honores militares como nobiliarios.

Sirvan éstos textos para ilustrar el proceso de unificación alemán: […] Treinta y ocho líneas de aduanas paralizan el comercio interior y producen el mismo efecto que si se ataran los miembros del cuerpo humano para impedir que la sangre circule por todo el cuerpo. Para comerciar entre Hamburgo y Austria o entre Berlín y Suiza se tiene que atravesar diez Estados, estudiar diez reglamentos de aduanas y pagar diez impuestos o tasas aduaneras. […] Miremos a la otra orilla del río con envidia y veremos una gran nación, del canal de la Mancha al Mediterráneo, del Rin a los Pirineos y de las fronteras de Holanda a Italia donde se comercia libremente sin encontrar aduana. Los recursos de los alemanes […] se arruinan por culpa de 38 sistemas de aduanas y peajes. Como consecuencia, nos atrevemos a solicitar a la Dieta: 1,°Suprimir las aduanas en el interior de Alemania. 2.”Establecer con las naciones extranjeras un sistema común de aduanas basado en el principio de compensación hasta que estas naciones adopten el principio de libertad de comercio europeo. LIST, F.: Petición de una unión aduanera, 1819.

No es en el liberalismo prusiano, sino más bien en la fuerza y la potencia de Prusia donde Alemania tiene los ojos puestos. Baviera, Württemberg y Badén pueden entregarse al liberalismo, por eso nadie les asignará el papel de Prusia. Prusia tiene que reunir sus fuerzas y esperar el momento oportuno. Las fronteras que el Congreso de Viena dio a Prusia no son cueras. Este no es un tema ni para hacer discursos ni para buscar el voto de la mayoría; las grandes cuestiones de nuestro tiempo -este fue el error de 1848 y de 1849- se resolverán por el hierro y por la sangre. BISMARCK: Pensamientos y recuerdos, 18S9.

Al invadir Austria y el centro de Europa, Napoleón disolvió el Imperio Germánico y creó la llamada «Confederación del Rin», en la que entraban los reinos de Baviera, Wutemberg, Westfalia, Sajonia, el ducado de Badén y otros. Pero después del derrumbamiento del Imperio Francés, el Congreso de Viena hizo surgir de nuevo la «Confederación germánica», con lo que Austria y Prusia vieron acrecentados sus territorios.

Francisco II de Austria implantó de nuevo el absolutismo (despotismo ilustrado), mientras Federico Guillermo III restablecía en las provincias prusianas todos los privilegios y derechos que habían sido abolidos, ejemplo que fue imitado por otros príncipes tales como el Elector de Hesse Cassel, los duques de Nasau y Badén y el rey de Baviera.

Prusia y Austria continuaron disputándose la hegemonía de Alemania y ambas deseaban llevar a cabo la unión de los diferentes Estados. Todos los alemanes se percataban de la necesidad y ventajas que reportaría la constitución de un solo Estado. Este anhelo iba a realizarlo Prusia., que contaba con una masa de población instruida, enérgica, laboriosa y disciplinada.

En 1861 falleció Federico de Prusia y le sucedió Guillermo I (1861-1868), quien llevó a cabo la reorganización del Ejército aumentando a tres años el tiempo destinado a servicio militar obligatorio. Al intentar incrementar los efectivos y la potencialidad del mismo, los diputados del Congreso (Landstag) se negaron a conceder los créditos necesarios, oponiéndose a los deseos del rey y de su ministro, el habilísimo Otto von Bismarck, quien, no pudiendo soportar por más tiempo los acerbos discursos de los oradores parlamentarios, empeñados en poner trabas a sus deseos, se enfrentó con los asambleístas exclamando indignado: «No es sobre la libre Constitución de Prusia sobre lo que Alemania dirige su mirada, sino sobre su poder. No es con discursos y rechazando proyectos como se resuelven los grandes problemas, sino con sangre y hierro.»

Aunque todo parecía indicar que iba a estallar una revolución, no sucedió así; los prusianos estaban acostumbrados a obedecer a su monarca, quien, por otra parte, se hallaba firmemente apoyado por la nobleza y el Ejército. De este modo, «a despecho del Parlamento, con peligro de su corona y aun de su vida», fueron aumentados los impuestos, con los que pudo llevarse adelante el plan de reorganización militar deseado por Federico.

Poco después, Bismarck, «el canciller de hierro», tenía ocasión de poner en marcha su formidable máquina militar. El motivo lo dio el rey Cristian IX, que había subido al trono de Dinamarca en 1863 y deseaba extender la Constitución danesa al territorio de Sleswig, que si bien era alemán dependía de Dinamarca desde el Congreso de Viena. Los alemanes de los ducados de Sleswig y Holstein, que suspiraban por incorporarse a la Confederación germánica, mostraron su disgusto.

Bismarck se erigió en defensor de sus compatriotas y declaró la guerra a Dinamarca. Austria quiso compartir también el honor de rescatar tierras irredentas y se unió a la empresa. El pequeño Ejército danés no pudo resistir el empuje de los ejércitos prusiano y austríaco, que en breves días ocuparon la totalidad de la península de Jutlandia e impusieron la Paz de Viena de 1864. Por ella, Dinamarca renunciaba a los territorios objeto de disputa, cediendo el Sleswig a Prusia y el Holstein a Austria.

Bismarck, con clara visión política, dióse cuenta de que el único obstáculo serio para lograr la unidad alemana lo constituía Austria, y por ello determinó eliminarla de la Confederación germánica empleando constantes provocaciones y exigencias. No contento con ello, estimuló a los patriotas italianos a levantarse en armas contra Austria, prometiéndoles su ayuda y la cesión de Venecia. Alióse con el emperador francés Napoleón III y aguardó los acontecimientos, mientras el jefe del Estado Mayor del Ejército prusiano, Helmut von Moltke, trazaba los planes para la invasión y conquista de Austria.

Los austríacos, alarmados, concentraron sus tropas en las fronteras de Bohemia y ello sirvió de pretexto a Bismarck para conseguir del rey Guillermo la aprobación a sus planes. La mayor parte de los Estados de la Confederación germánica (Baviera, Würtemberg, Badén, Sajonia, Hannover, Hesse, Cassel y Frankfort), temerosos del imperialismo prusiano se aliaron con Austria; los Estados del Norte se vieron forzados a luchar al lado de Prusia. Los prusianos pusieron su Ejército en movimiento y ocuparon Sajonia con extraordinaria celeridad (del 16 al 20 de junio de 1866), luego invadieron Bohemia y derrotaron por completo al grueso del Ejército austríaco en la batalla de Sadowa (3 de julio de 1866), lo que constituyó un triunfo decisivo para Prusia.

Por el Tratado de Praga, Austria no perdió ninguna parte de su territorio, pero fue obligada a abandonar la Confederación germánica y de este modo Prusia quedó con las manos libres para transformar completamente a Alemania, cuyo territorio se extendía desde el Vístula al Rin.

Hemos analizado, con cierto detalle, el proceso de unificación del estado germano. Nos encontramos ante un país, que es el motor del continente, además de haber sido ejemplo en el proceso de unir territorios. Si todos vamos al unísono, ¿podremos llegar a ser un país más próspero? Una cosa que me ha llamado poderosamente la atención: el proceso de unión, no es la creación de pequeños estados, sino que es la unión de todas las regiones germánicas, para crear un territorio hegemónico, capaz de dirigir los destinos, no solo los propios, sino los de todo un continente.

Hoy, el ATICO DE LA COMUNICACIÓN, no puede silenciar su malestar y preocupación, por la destrucción y la fragmentación de la Unidad de España. El proceso unificador español, comenzó mucho antes que el de la región germánica, siendo los Reyes Católicos -y sus sucesores-, los que iniciaron y mantuvieron la unidad española, puesta en éstos días en entredicho. Seguiremos analizando otros procesos de unión, mientras retenemos en nuestra memoria todo lo bueno que tenemos y que nos debe unir para construir.

 

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