Valencia celebra la Fiesta Josefina más internacional

Por MANUEL J. IBAÑEZ FERRIOL. Periodista, Escritor e Historiador

A nadie se nos pasa en estos momentos que VALENCIA celebra sus FIESTAS MAYORES dedicadas al Patriarca San José. Las FALLAS, son esos fuegos, que como llamaradas surcan los cielos, siendo sus cenizas, la base principal para dar inicio de nuevo a la fiesta.Pero, ¿qué misterio encierra en si mismo? El fuego ha fascinado a la humanidad durante siglos, unas veces será el factor sorpresa, el que involucre al hombre a preguntarse como se producía, iniciando así, un nuevo proceso vital, que lo sublimiza, atrae y embruja, con ese halo misterioso, que va envolviendo a los homínidos, provocando en su “psiquis” diferentes reacciones. Quizá el ser humano cobró conciencia de su superioridad cuando dominó el fuego, al que los demás animales temían. Sus primeros usos fueron el calor y la defensa ante las alimañas, pero enseguida dio pruebas de que era algo más. La simple observación de que la punta del palo, con que se removían las brasas de una fogata, se carbonizaba y ganaba dureza, convirtiéndolo en arma de caza más eficaz, fue el principio de su aplicación como generador de técnicas. A su alrededor, y gracias a su calor, han vivido millones de humanos. Los humanos han sabido usar la energía del fuego en su provecho, para extraer la energía de los materiales que le proporcionaba la naturaleza o poder moldearlos a su gusto. Si bien la mano es la herramienta principal del hombre, también el fuego tiene parte en la responsabilidad de la construcción de la actual cultura.

Podemos seguir interrogándonos más cosas. ¿Qué hace falta para que se produzca la chispa? Para que exista el fuego debe existir el oxígeno y este elemento no siempre ha estado presente en nuestra atmósfera, por lo que el fuego es posterior a la Tierra. Contrario a lo que parece obvio, el Sol no tiene fuego, sino plasma incandescente. El fuego es entonces posterior a la presencia de oxígeno en la atmósfera terrestre y éste a su vez es debido a la proliferación de vegetales fotosintéticos que mediante esta función llenaron la atmósfera de oxígeno. Así se produce no solo esa combustión, sino también se genera una energía especial, alimentada por el oxígeno, principio de la vida terrestre. En la antigüedad clásica el fuego fue uno de los cuatro elementos clásicos junto con el agua, la tierra y el aire. Estos cuatro elementos representaban las cuatro formas conocidas de la materia y eran utilizados para explicar diferentes comportamientos de la naturaleza. En la cultura occidental el origen de la teoría de los cuatro elementos se encuentra en los filósofos presocráticos de la Grecia clásica, y desde entonces ha sido objeto de numerosas obras de expresión artística y filosófica, perdurando a través de la Edad Media y el Renacimiento e influenciando profundamente el pensamiento y la cultura europeos. Paralelamente el hinduismo y el budismo han desarrollado concepciones muy parecidas. En la mayoría de estas escuelas de pensamiento se suele añadir un quinto elemento a los cuatro elementos tradicionales, que se denomina alternativamente como idea, vacío, éter o quintaesencia (literalmente “la quinta esencia”). Por tanto, el fuego, podríamos decir, que consume nuestras existencias particulares, dejando que nos penetre en nuestro mundo vital, y permitiendo que purifique no solo el “alma o espíritu”, sino también todo aquello que forma parte del mundo corrompido, que nos aleja de toda inmanencia, provocándonos una serie de desafecciones, que nos turban y nos alejan de la verdadera felicidad.

Otro elemento fundamental en la Fiesta Fallera es la magia más espectacular que nos ofrece la POLVORA, que es considerada como una sustancia explosiva utilizada principalmente como propulsor de proyectiles en las armas de fuego y con fines acústicos en los juegos pirotécnicos. La pólvora fabricada es la denominada pólvora negra, que está compuesta de determinadas proporciones de carbón, azufre y nitrato de potasio. La más popular tiene 75% de nitrato de potasio, 15% de carbono y 10% de azufre (porcentajes en masa/masa). Actualmente se utiliza en pirotecnia y como propelente de proyectiles en armas antiguas. Las modernas pólvoras(sin humo) están basadas en materiales energéticos, principalmente nitrocelulosa(monobásicas)y nitrocelulosa más nitroglicerina(bibásicas). Las ventajas de las pólvoras modernas son su bajo nivel de humo, bajo nivel de depósito de productos de combustión en el arma y su homogeneidad, lo que garantiza un resultado consistente, con lo que aumenta la precisión de los disparos.

La pólvora fue inventada en China, para hacer fuegos artificiales y armas, aproximadamente en el siglo IX de nuestra era, aunque no concibieron las armas de fuego como nosotros las conocemos. Los bizantinos y los árabes la introdujeron en Europa alrededor del 1200. Es probable que la pólvora se introdujera en Europa procedente del Oriente Próximo. La primera referencia a su fabricación en Europa se encuentra en un documento de Roger Bacon, la Epistola de secretis operibus Artis et Naturae, et de nullitate Magiae (ca. 1250). En este texto leemos: “Accipiatur igitur de ossibus Adae, et de calce sub eodem pondere; et sint sex ad lapidem Tagi, et quinque ad lapidem unionis; et terantur simul cum aqua vitae, cujus proprium est dissolvere omnes res alias, ita quod in ea dissolvantur et assentur. Et iteretur multotiens contrition et assatio, donecin cerentur; hoc est ut uniantur partes, sicut in cera. Et signum incerationis est, quod medicina liquescit super ferrum valde ignitum; deinde ponatur in eadem aqua in loco cálido et humido, aut supendatur in vapore aquarum valde calidarum; deinde dissolvantur, et congelentur ad solem. Dein accipies sal petrae, et argentums vivum convertes in plumbum, et iterum plumbum eo lavabis et mundificabis, ut sit próxima argento, et tunc operare ut prius. Item pondus totum sit 30. Sed tamen sal petrae LURU VOPO VIR CAN VTRIET sulphuris; et sic facies tonitruum et coruscationem, si sias artificium – Cap. XI.”

Seran los fuegos artificiales los causantes de todo un espectáculo único e irrepetible, por el que los valencianos sienten adoración. Pero, ¿que tiene la pólvora que gusta tanto? Su magia, provoca un ensueño, que junto a su aroma, prende la llama del corazón valenciano, para comunicarle sensaciones diversas, un tanto difíciles de describir. Es un sentimiento, una emoción, una vivencia ilusionada, que en toda celebración festiva, no puede faltar, convirtiéndose en un elemento imprescindible, imposible de alejar de la vida festiva de los valencianos. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la pólvora, es la manifestación de lo artificioso, lo efímero y lo fugaz. Es como la vida misma, pero con dos matices fundamentales: el aroma, limpio, seco y fuerte, como el carácter de cada uno de los valencianos y valencianas, y la vistosidad de sus fuegos nocturnos. Entender ésta vivencia existencial, es transportarnos por cada una de las etapas vitales, con sus altibajos, miserias y alegrías. La pólvora, encierra en si misma, una serie de valores y matices, que nos van a marcar en nuestra particular sinfonía vital.

La música (del griego: μουσική [τέχνη] – mousikē [téchnē], “el arte de las musas”) es, según la definición tradicional del término, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos. ¿Qué serían las Fallas sin música? La armonía fallera, está basada en un concepto musical, que nadie puede quedar abstraído. Así el CANT D’ESTIL, se convierte en la voz musical popular, siendo las alboradas, o los diferentes estilos, los que componen la sinfonía valenciano-fallera, que nos atrae, embruja y sobre todo nos llena de pasión musical. El sonido de los instrumentos tradicionales como el tambor o “tabalet” y la dulzaina o “dolçaina”, combinados con la melodiosa armonía que provocan las cuerdas bucales, nos hacen encontrar, diferentes estadios en nuestro espíritu, dejando una impronta en nuestro espíritu, que nos lleva desde la festiva alegría hasta el pensamiento vocal más puro.

Todo en la fiesta fallera se encuentra armonizado. Los conjuntos artísticos, provocan en el espectador de todo el mundo, una sensación de placidez, armoniosa, limpia, grotesca pero llena de candor e ilusión fallera. Gracias al cartón y la madera “cartó i fusta en borumballa”, el artista fallero, nos seduce con su arte, que ha modelado con el trabajo de sus manos pacientes, para luego darle vida y color, dejando que nos provoque, que nos interpele y sobre todo nos agrade. La fantasía, se transforma en ingenio y en gracia, porque la observación deja patente algo que no siempre sabemos percibir. Solo el artista fallero, se da cuenta de lo efímero de cada una de nuestras vidas, y saca todo el jugo satírico que llevamos dentro, para expresar su aprobación o denuncia, dejando que la crítica, sirva para tamizar todo aquello que en la vida, han sido muestras patentes de la “miseriae humanae”. Nuestros ojos, perciben el mensaje, en el que no hay distinciones sociales, y en el que todos estamos representados.

La falla, siempre es algo más. No solo es el mejor de nuestros homenajes al Patriarca San José, el padre terrenal de Jesús, el hombre sencillo, que supo con su candor y su aceptación, convertirse en el mejor aliado de las almas humanas. Supo desde su vida, alejada de toda pompa y ostentación, darle a Jesús, las enseñanzas básicas para ser “el Hombre” por excelencia, el Hijo de Dios, que quiso tomar naturaleza humana, para pasar por lo mismo que cualquiera de nosotros, sus hermanos. José, de una gran familia, de estirpe profunda y sencilla, dio todo lo mejor que tuvo a su alcance, y ya en su ancianidad, glorificó a Dios, a través de la Santísima Virgen María, que en nuestra tierra acoge el entrañable título de MADRE DE LOS DESAMPARADOS. El carpintero, humilde, trabajó denodadamente, para que el niño Jesús, tuviera una educación y un sustento material, mientras vivió con El.

Si observamos, la Fiesta Fallera, se encuentra llena de matices religiosos y espirituales. La madera, forma parte del ciclo vital de cada uno de nosotros. Los árboles, nos regalan con el suave movimiento de sus ramas, no solo sombra, sino también oxigeno, fundamental para poder prender la “pira de las vanidades”, con las que dar rienda suelta a lo “efimero y lo fugaz”, que es la base de toda existencia. Así, el fuego prenderá nuestras particulares hogueras, purificándonos, y sobre todo, dejándonos esa impronta, con la que podremos construir de nuevo, el catafalco, ya que de las cenizas, volverá a nacer una nueva vida, un nuevo monumento, un nuevo espectáculo pirotécnico, una nueva sinfonía valenciana y fallera.

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