Valencianismo: el momento es ahora

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Por FERNANDO CHIVA. Presidente del Círculo Cívico Valenciano.

El valencianismo cívico, cultural y político está terminando su travesía por el desierto. Un valencianismo que lleva treinta años recibiendo aldabonazos de los sucesivos gobiernos autonómicos y nacionales, tropezando con personalismos, enredándose en debates estériles por encima de sus posibilidades, y tratando de levantar cabeza imponiendo la valencianidad y la reflexión patriótica a cualquier vicisitud o disquisición política.

Por un lado tenemos a las entidades cívicas y culturales, germen de este renovado valencianismo, que a base de trabajo, diálogo, racionalidad por encima de emocionalidad, presión a los poderes públicos e inmunidad al desaliento, reconstruyen día a día de forma inteligente el movimiento sociocultural desde la búsqueda de una troncalidad patriótica que en algún momento extraviamos por la carencia de perspectiva estratégica.

Desde el valencianismo cívico y cultural se trabaja desde hace tiempo por la coordinación y la unidad de todo el tejido asociativo valencianista, comprendiendo, por fin, que Valencia y su identidad están por encima de marcas, sensibilidades políticas, gobernantes, gobernados o instituciones. Coordinación que, ya de forma virtual, está funcionando desde hace tiempo, materializada en acciones, trabajos, campañas o eventos conjuntos, como las dos Ferias de Entidades Valencianistas ya celebradas, las “mareas azules” del 9 d´Octubre, los foros participativos de opinión, o las campañas conjuntas de presión y denuncia que se suceden ante los atropellos a la identidad valenciana que se perpetran desde instituciones y administraciones públicas.

Y por otra parte, nos encontramos con un panorama político que apunta al cambio. No solo al cambio de gobierno, a tenor de las encuestas de intención de voto, sino también al cambio en las prioridades del electorado. La caída del bipartidismo responde al hastío mayoritario de los excesos, abusos, corruptelas y errores recurrentes de dos partidos, PSOE y PP, que, a pesar de su alternancia en el poder, han gobernado como si de uno solo se tratara, llegando incluso a taparse recíprocamente sus vergüenzas en más de una ocasión. Este escenario representa una singular oportunidad de poder para aquellos partidos políticos que se han sabido posicionar como alternativa.

Y las oportunidades, cuando se presentan, son para todos: los partidos valencianistas, aunque a un paso más lento que el resto de fuerzas políticas a causa de su reciente aparición en el mapa político, ya mueven sus fichas para configurarse como alternativas reales. Renovació Política se ha encuadrado ya en la coalición regional Foro Demócrata, Poble Democràtic sigue creciendo en el nivel municipal, y Unió y Acció Nacionalista han anunciado ya una coalición electoral nacionalista para los comicios autonómicos y municipales de 2015. Así, de forma más o menos acertada, siempre a criterio del elector, pero podemos afirmar que el inmovilismo y la despreocupación no casa con estas cuatro fuerzas políticas netamente valencianas

Y mientras todo esto ocurre, el renovado valencianismo cívico y cultural, sigue supervisando e intentando que el discurso de los partidos nacionales de raíz no fusteriana contemple de forma explícita un reconocimiento de la mayoritaria sensibilidad identitaria del pueblo valenciano. Tanto es así que el discurso valenciano de Vox ya recoge plenamente nuestros postulados. Y no piense el lector que la reciente Ley de Señas del Partido Popular, con sus múltiples aspectos matizables, es algo casual: representa una histórica demanda del valencianismo. Desgraciadamente, aún queda mucho por hacer: el mismo PP (creador del engendro de la AVL, cosa que no olvidamos), Ciudadanos o UPyD siguen tratando de ponerse de perfil y evitar medidas de solución definitiva al problema sociocultural e identitario al que nos lleva arrastrando el pancatalanismo desde hace décadas.

Habrá, por tanto, en 2015, opciones políticas para todos los ciudadanos valencianos. Y el valencianismo tendrá una nueva oportunidad de tener presencia en las instituciones. De izquierdas, derechas o centro. Progresista o liberal. Desde un partido netamente valenciano, o nacional. Pero valencianismo. Por encima de todo, valencianismo.

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