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De Vicente Ferrer i Miquel a Santo

Siempre me ha motivado conocer, vivir y seguir la vida de Vicente Ferrer i Miquel, san Vicente Ferrer. Un hombre, predestinado por la Providencia, escogido como “Angel de la Apocalipsis”, y despues de Jesucristo, junto a Juan el Bautista, el hombre más grande nacido de mujer, y que casualidad, valenciana. Su padre, notario, vivían los Ferrer i Miquel, en la calle del Mar, muy próximos al convento de Santo Domingo, donde Vicente, profesará muy jóven, en la Orden de Predicadores.

Aunque la Ciudad y el Reino de Valencia, celebran fiestas en su honor el segundo fin de semana de la Pascua, hoy día 5 de abril, es el día en que Vicente pasó de éste mundo a la Vida Eterna.

Fue un 23 de enero de 1350, cuando vino a éste mundo este dominico valenciano, taumaturgo, predicador, lógico y filósofo. Sus viajes de predicación le granjearon el aprecio de la población de distintas regiones de Europa. Luego de su canonización, en 1455, se convirtió en el santo patrón principal de la ciudad y reino de Valencia. De acuerdo con la leyenda popular, Vicente Ferrer logró varios milagros alzando su dedo índice, razón por la cual se lo conoce cariñosamente como “Sant Vicent el del ditet”. En la iconografía se lo suele representar con el dedo índice alzado hacia el cielo y con un par de alas a sus espaldas.

A raíz de una célebre visión que tuvo en la ciudad de Aviñón en el año 1398, Vicente Ferrer comenzó a realizar constantes viajes de predicación por diversas ciudades de Europa, en especial las italianas. Durante estos viajes era acompañado por una gran multitud, en cuyo número se contaba un séquito de flagelantes que se azotaban las espaldas como purga de sus pecados. El santo solía viajar a lomos de un asno y alojarse en los conventos de frailes dominicos de las ciudades y pueblos en donde predicaba. Multitud de ermitas y altares recuerdan, en muchos rincones de la Europa occidental, anécdotas históricas o apócrifas sobre la multitud de milagros realizados por el propio santo, en su largo camino de predicación, o por sus reliquias.

La activa participación de Vicente Ferrer en el Compromiso de Caspe, donde fue elegido como rey de Aragón Fernando de Antequera, (miembro de la dinastía castellana de los Trastámara), resultó decisiva para el encuentro. ¿Sabia Vicente que comenzaba a cambiar la Historia de España? Con su participación, con sus doctos consejos, enderezó los destinos de las Casas Reales de Castilla y Aragón. Se puede decir, que fue el primero en creer en la Unión de las dos coronas -hecho protagonizado por el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, años después- para convertir a España, en potencia imperial -como sucederá en la epoca de Carlos I, el César-.

Más de 860 prodigios o milagros constan en Proceso de su Canonización como obrados por el Predicador Dominico en vida y después de morir, que comprobaron los Jueces del Proceso. Muchos testigos declararon en el Proceso que, hablando Vicente Ferrer en valenciano, ellos le entendían perfectamente en su lengua nativa, por lo que se consideró que poseía el “Don de lenguas”. San Vicente Ferrer, “predicando siempre en su lengua valenciana”, era comprendido por castellanos, franceses, catalanes, vascos, italianos del Piamonte y Lombardía.

San Vicente Ferrer dio un mensaje para que lo llevaran a todos los valencianos, que podemos considerar como su testamento. El mensaje dice así: “¡Pobre patria mía! No puedo tener el placer de que mis huesos descansen en su regazo; pero decid a aquellos ciudadanos que muero dedicándoles mis recuerdos, prometiéndoles una constante asistencia. y que mis continuas oraciones allí en el cielo serán para ellos, a los que nunca olvidaré”. “En todas sus tribulaciones, en todas sus desgracias, en todos sus pesares, yo les consolaré, yo intercederé por ellos. Que conserven y practiquen las enseñanzas que les di, que guarden siempre incólume la fe que les prediqué, y que no desmientan nunca la religiosidad de que siempre han dado pruebas”.  “Aunque no viva en este mundo, yo siempre seré hijo de Valencia. Que vivan tranquilos, que mi protección no les faltará jamás. Decid a mis queridos hermanos que muero bendiciéndoles y dedicándoles mi último suspiro”.

Tengamosle presente siempre, sobre todo en su día.

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