Violetas y Fallas la antesala de la Primavera

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Por Manuel J. Ibáñez Ferriol. Editor ONDA3.COM.

Hay una canción muy hermosa, que cantaba la gran Olga Ramos, y nuestra recordada Sara Montiel, dedicada a las violetas: la violetera. Como aves precursoras, de primavera … igual que las fiestas falleras, son el prólogo de la estación más hermosa del año: la primavera. 

El perfume de violetas, es delicado, intenso, evocador, fino, exquisito y lleno de gratos recuerdos. Junto a los jacintos, las violetas son las primeras flores que nos ofrece el mes de enero y febrero. Encierran ambos tipos de flores, recuerdos y momentos románticos, se puede decir que irrepetibles. La violeta, fue elevada a la categoría de “imperial” nada menos que por Luis Mariano, uno de los artistas más internacionales que tuvimos en España. La delicadeza de las violetas, nos lleva a darles la mejor de las compañías: la poesía. Seguro que mi admirado poeta y amigo Alejandro Daniel Señoris -el poeta más romántico del Cabanyal-, tendrá alguna composición dedicada a ésta flor hermosa y evocadora.

En nuestra equivalencia moderna del idioma de las flores, las violetas normalmente son vistas como plantas de hogar, representando a la familia y el matrimonio. En los ramos para bodas, representan una promesa y lealtad. En los sueños, se ha dicho que representan la posibilidad de casarse o tener un compromiso. Son signo de modestia y humildad. Vamos a recordar un poco su historia: para los romanos, pensaban que las violetas eran un símbolo de duelo, su color oscuro era un indicativo de sangre derramada, pero su suave aroma aportaba una connotación pacífica. Los romanos con frecuencia las colocaban sobre las tumbas y las utilizaban para decorar las criptas para simbolizar su afección continua a la persona que había fallecido. Ellos creían que esto aseguraba el descanso de los muertos. En la cristiandad, la violeta se asoció con María, y con la modestia. Una de las historias cuenta que todas las violetas eran originalmente blancas, pero por la desesperación de María al ver sufrir a su hijo sobre el madero se volvieron púrpuras como símbolo de luto. Esto es curioso, ya que parece vincular el significado que los antiguos romanos le dieron la flor con las flores de María. En la Edad Media, se pensaba que las violetas servían como protección contra los espíritus malignos. Con frecuencia se utilizaban las hojas para hacer emplastos, ungüentos curativos y antisépticos, y como cura para el insomnio, así que a la flor también se le asoció con la curación. Durante ese tiempo, también se daban como muestra de amor y símbolo de lealtad, ambas debido a su agradable aroma, y sus connotaciones curativas u protectoras. Será en la época victoriana, cuando se utilizaron las flores como medio de comunicación, asignándoles un significado. Darle flores a una persona era como pasarle una nota. En el idioma de las flores de la era victoriana, la violeta hablaba de quitarse la modestia y la imagen de ser “tímido”. La violeta blanca significaba sinceridad, pero también inocencia, la forma en que normalmente hablaba un niño sin la restricción de un adulto. En un mundo violento y transgresor como el nuestro, es bueno escuchar éstas canciones y colocar en nuestras vidas “un ramito de violetas” como cantaba la gran Cecilia, que llenó con sus canciones el mundo de un gran mensaje de amor.

Y como no, son las Fallas de Valencia, las auténticas precursoras de la estación. En el mundo, ya no marcan los grandes almacenes el inicio de la primavera, sino las fiestas mas grandes del Mundo. Y es que Valencia ya huele a fiesta fallera. La pólvora, los ninots, los distintos actos, todo se va preparando, para llegar al gran esclat festivo de los días de la Semana Fallera. Momentos irrepetibles de una fiestas, que mueve miles de personas, en la calle. Porque para entender la fiesta, hay que vivirla en nuestras plazas, rincones y calles. La música de nuestras bandas o de nuestro tabalet i dolçaina, nos invitan a mezclarnos por cada uno de los lugares dónde se planta un monumento fallero. Es la chanza, la mayor expresión de la crítica vital en la que estamos inmersos cada uno de nosotros.

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El aroma a bunyol y chocolate caliente, a paella, a fideuá, a traca, a vida en definitiva, nos lleva a proclamar que nos encontramos en una ciudad viva, vibrante y que sabe hacer de la fiesta, un auténtico prólogo a lo que iremos viviendo en los meses siguientes. La madera y el cartón -junto con otros materiales más modernos-, son modelados por los artistas falleros, auténticos protagonistas de una fiesta única, mágica e irrepetible. Y todo en honor de la MUJER, como centro de la vida, es la Gea, la madre tierra, colocada en el centro de la vida de todos los valencianos. En ese homenaje de pleitesía a la mujer, colocamos a la Mujer vestida de Sol, con la Luna como pedestal, la VIRGEN MARÍA, la mujer sencilla, callada y bellísima, bajo la advocación de NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS. A ella la valenciana y el fallero, le llevan sus mejores flores, como gran ofrenda, previa a la noche dónde todo lo negativo y malo, será destruido por el fuego purificador, que alimenta los corazones y los espíritus de todos los que viven y participan en la gran pira de las vanidades, dejando patente que de las cenizas, renacerán nuevos monumentos, nueva vida, nuevas ilusiones.

Debemos dar ejemplo de construcción y protección de todo lo que forma parte de nuestro patrimonio social y cultural, a la vez que individual. Seamos constructores y protectores de todo lo que nuestros antepasados nos han legado, porque forma parte de nuestra historia social y particular. La destrucción ocurrida en la ciudad de Mossul -la antigua región de los reinos de Assur y Akad, a las orillas del Tigris y el Eufrates-, nos debe revolver pacificamente, ya que se ha destruido todo lo relacionado con nuestro pasado histórico. No es eso lo que dice el Corán, ni mucho menos el gran profeta Mahoma. Hemos asistido a un crimen contra el Patrimonio Mundial. Así no es posible convivir. No se puede imponer una ideología por la fuerza de las armas y las mazas. Hoy la tristeza nos embarga, ya que no vamos a volver a poder admirar tanta belleza reunida en un gran museo arqueológico, del que hoy ya no queda nada. Triste, vergonzoso y condenable.

Vivir éstas emociones compartidas con la familia, los amigos o la pareja, es sentirnos vivos y vitales. Dejemos que el suave perfume de las violetas y la pólvora, inunden nuestros corazones, y sintamos como ambos elementos, nos ayudaran a vivir en paz, armonía, sosiego y tranquilidad. Sensaciones todas ellas, de las que estamos tan necesitados.

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